Por Emiliano Gullo

Un grupo de indios avanza poco antes de la claridad del 1 de enero de 1994 rumbo a San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Están armados con cualquier cosa. Ametralladoras, fusiles, revólveres; algunos tienen palos. La mancha oscura también cubre otras localidades del sur mexicano: Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo. Son unos 2 mil guerrilleros de un movimiento que está a punto de sacudir a México y al resto del mundo. Su nombre, Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Al frente, un hombre con la cara tapada por un pasamontañas, como el resto del ejército; uno más, y a la vez uno distinto. Lo vamos a conocer solamente como el Subcomandante Marcos; y alrededor suyo crecerá una hiedra de mitos y leyendas. Mientras tanto, en el DF el presidente Carlos Salinas de Gortari y sus funcionarios se preparan para un día festivo. El primero de muchos días de libre comercio con Estados Unidos; el día primer día de Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).zapatistas

La declaración de guerra se leyó a la mañana siguiente, a cara descubierta y en el centro de la plaza del principal poblado tomado por el EZLN, San Cristóbal de las casas. “Nosotros, hoy decimos basta. Somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, nosotros armados para hacer una revolución, para buscar paz y justicia en nuestro chiapas y México”, decía el comienzo del texto que con el tiempo se conoció como la Primera Declaración de la Selva Lacandona. También pedían por «trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz».

Lejos de permanecer guarecidos en los poblados, los guerrilleros atacaron los puestos militares cercanos. Se suceden distintos choques; uno de los más feroces fue en Ocosingo. En rigor, la batalla de Ocosingo fue el único enfrentamiento formal entre el EZLN y el Ejército Mexicano en una ciudad. La batalla se prolongó toda la noche. El 2 y el 3 de enero zapatistas y militares se cruzaron con fuego. Hasta que los rebeldes, después de perder a más de 60 combatientes, lograron huir hacia las montañas. Otros 30 fueron detenidos. Entre las bajas se encontraba el subcomandante Pedro, jefe del estado mayor del EZLN.

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Las escaramuzas siguieron durante todo el mes de enero hasta que, a fines de febrero, el Gobierno central aceptó la necesidad de llegar a un acuerdo con los zapatistas y comienza a negociar. Sin embargo, los primeros acuerdos no llegaronn a ningún lado. Recién el 29 de diciembre de ese año -prácticamente un año después del levantamiento- el EZLN ofreció un alto el fuego hasta el 6 de enero de 1995. El roce entre el movimiento autonomista y el Estado mexicano se fue alisando a lo largo de los últimos 20 años. Producto de la organización del EZLN, y de su legitimación dentro y fuera de México, el estado mexicano tuvo que conceder parte del territorio de Chiapas a los rebeldes. Así, el EZLN levantó comunidades autónomas que llamó primero Aguascalientes y luego Caracoles. Son las comunas en las que la sociedad civil articula y participa -por lo general de manera asamblearia- de las decisiones del poder local. Con el nacimiento del EZLN no sólo emergió la posibilidad concreta de alzarse contra el neoliberalismo que se desparramaba como mancha a nivel global sino que impuso una construcción de poder autonómico que, al menos en Chiapas, logró revertir siglos de aplastamiento de indios y campesinos.