Por Sofía Benavides –@sofiasbenavides

Su obra dejó una marca en el arte del siglo XX, identificó a una nación, cruzó fronteras, llegó a lo más alto y volvió en forma de souvenir. Símbolo de lo femenino y también de lo feminista, Frida Kahlo todavía impresiona con la intensidad de sus pinturas, con su crudeza, con su (su)realismo.

Al releer sus cartas, sin embargo, sobre todo sus cartas de amor, otro costado de la obra de la artista queda al descubierto: las pinceladas se convierten en los trazos de una letra cursiva que no respeta renglones, márgenes ni tamaños. Pero que refleja la misma intensidad y el mismo conflicto que sus cuadros y murales.

Esa otra obra llegó a los diarios hace poco, cuando se difundió que 25 cartas inéditas que se envió con su amante, el artista catalán Josep Bartolí, entre el 46 y el 49, iban a ser subastadas en Nueva York.

 

I

“…Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza. El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, mi cielo, que llueves en mí y yo, como la tierra, te recibo”, dice una de las cartas que se vendieron en abril a u$s 137.000 y que confirmaron las sospechas de la relación que mantuvieron los artistas.

Frida se enamoró de Bartolí durante un viaje que hizo a Estados Unidos para someterse a una de las 32 cirugías que afrontó a lo largo de su vida. Él había llegado a Nueva York después de huir de la Guerra Civil Española, ser capturado por la Gestapo y escaparse de un fatal destino en el campo de concentración francés de Dachau. En Manhattan los presentó Cristina, la hermana menor de Frida y su favorita.

La correspondencia que mantuvieron cuando Frida volvió a México era secreta. Ella le pidió que la firme con el nombre de mujer “Sonja”, porque las amantes femeninas molestaban menos a su esposo que las relaciones con otros hombres, y ella, por su lado, las firmaría como Mara, el diminutivo de “Maravillosa”, como él la llamaba cuando estaban juntos.

“Anoche sentía como si muchas alas me acariciaran toda, como si en las yemas de tus dedos hubiera bocas que me besaran la piel. Los átomos de mi cuerpo son los tuyos y vibran juntos para querernos. (…) Aprenderé historias para contarte, inventaré nuevas palabras para decirte en todas que te quiero como a nadie”.

En otra de las cartas Frida cuenta a Bartolí que tiene un retraso en su menstruación y se ilusiona con la idea de tener un hijo: “¿Te imaginas un pequeño Bartolí o una Mara? Ríete de mí, te doy permiso ya que estoy más loca que una cobra”. La idea de ser madre y la frustración por no conseguirlo constituyen uno de los mayores tormentos de Frida a lo largo de su vida y que está reflejado en su obra.

“Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza. El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, mi cielo, que llueves en mí y yo, como la tierra, te recibo”

Frida Kahlo

Carta de Frida Kahlo con un sapo

II

Al momento del romance con Bartolí, Frida estaba casada con Diego Rivera, otro artista -21 años mayor que ella- con el que tenía una relación apasionada. La admiración mutua y su amor compartido por el arte fueron un imán entre Frida y Diego que los llevó casarse en 1929, a divorciarse en 1940 y a volver a casarse en 1941 hasta el 13 de julio de 1954, momento de la muerte de Frida.

“Diego: Mi amor, hoy me acordé de ti, y aunque no lo mereces tengo que reconocer que te amo. (…) Tu ausencia me mata, haces de tu recuerdo una virtud. Tú eres el Dios inexistente cada vez que tu imagen se me revela”.

Su matrimonio fue un terremoto, con epicentros de amor y de odio, y terminó sin que pudieran tener hijos después de tres abortos. Sus sufrimientos físicos también fueron una constante, producto de una enfermedad infecciosa y de un accidente que terminaron con la amputación de una de sus piernas.

“Escribo esto desde el cuarto de un hospital y en la antesala del quirófano. Intentan apresurarme pero yo estoy resuelta a terminar esta carta, no quiero dejar nada a medias y menos ahora que sé lo que planean, quieren herirme el orgullo cortándome una pata… Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando te perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví. No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno…”.

Pese al profundo amor que sentían, Frida nunca dejó de sufrir por las infidelidades de Diego, que eran muchas y que eran constantes. No se sabe si la idea de tener un relación libre le agradaba, lo que sí se sabe es que la aceptaba.

“Ahora que hubiera dado la vida por ayudarte, resulta que son otras las ‘salvadoras’… Pagaré lo que debo con pintura y después, aunque trague yo caca, haré exactamente lo que me dé la gana y a la hora que quiera…”

Por convicción o por venganza, el hecho es que Frida devolvió la gentileza con la misma moneda. Pero dobló la apuesta: lo hizo con hombres y con mujeres.

III

Cuando León Trotsky pisó la casa de los artistas, Chavela Vargas, que vivió durante un año con ellos, lo anunció nada más que como “un viejo peludo”. Capaz porque enseguida pensó que la admiración que esa figura despertaba en Frida y en Diego ponía en peligro su amistad con la pintora. O capaz porque simplemente nunca había escuchado hablar de él.

Es que entonces la cantante costarricense nacionalizada en México tenía una amistad intensa con Frida, marcada por una mutua identificación: “Pensamos las mismas cosas y queremos que el mundo sea como nosotras lo soñamos”.

Pero también marcada por el erotismo y la atracción. En una carta que Frida le escribe al poeta Carlos Pellicer describe a la cantante como “extraordinaria, lesbiana, es más… se me antojó eróticamente (…) No dudaría un segundo en desnudarme ante ella”, aunque, aclara entonces, no sabía si Chavela sentía lo mismo.

Antes de eso, sin embargo, uno de los engaños de Rivera había marcado la vida de Frida sin retorno, cuando se enteró de que sostenía una relación íntima con Cristina, su hermana menor y su favorita.

“Ahora que hubiera dado la vida por ayudarte, resulta que son otras las ‘salvadoras’… Pagaré lo que debo con pintura y después, aunque trague yo caca, haré exactamente lo que me dé la gana y a la hora que quiera…”

Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera

IV

Frida decidió vengarse de la manera que más le doliera a su marido. O puede que simplemente haya sentido una profunda atracción por Trotsky, el revolucionario ruso que fue a parar a su casa con su esposa Natalia durante su exilio en México.

Diego Rivera fue quien le entregó una petición formal y convenció al presidente Lázaro Cárdenas para que le diera asilo al creador del Ejército Rojo, expulsado de la Unión Soviética y perseguido por Stalin.

Cárdenas accedió pero con la condición de que Rivera se ocupara del alojamiento de Trotsky y de su mujer. La pareja fue recibida por Frida en la Casa Azul, el escenario de su breve pero intenso romance.

“Te amé desde siempre y a escondidas. Me encontraba dueño de un juego de principios en el que me arrellanaba como un castor, y esquivaba el fantasma de tu bigote, tu porte de soldadera y esa sed de besos capaz de (parte ilegible en el original). He pagado con creces ese acto de soberbia, el hacerte mía. Yo viví una de esas desafortunadas juventudes, y a tu lado he volado como el pájaro que vuela por el solo placer de volar, Frida…”

 

La relación amorosa con Frida, su estadía la casa de los artistas y su amistad política con Rivera terminaron de un golpe cuando el mexicano se enteró de sus encuentros a escondidas. Trotsky se mudó a otra vivienda en Coyoacán, donde sufrió el primero de los atentados contra su vida, fallido, a cargo de David Siqueiros.

Hasta que debió abandonar la Casa Azul, colgó de su estudio un autorretrato que Frida le había obsequiado por su cumpleaños en 1937. En “Entre las cortinas” la artista tiene una mirada seductora y una actitud llena de confianza. Entre sus manos sostiene un papel con la dedicatoria: “Para León Trotsky, con todo mi amor, le dedico este cuadro, el 7 de noviembre de 1937. Frida Kahlo en San Ángel, México”.

Por amor o por venganza, breve, prohibido y a escondidas, algunos dicen que después de ese romance, Frida volvió a pintar más y mejor que antes, como cada una de las veces que el amor se cruzó en su vida.


 

El 13 de junio se cumplieron 51 años del fallecimiento de Frida, en la Casa Azul. La muerte llegó y Frida y la recibió como un alivio. Como el corredor que llega a la meta después de una larga carrera llena de obstáculos, con tropezones y poco aliento de sobra. A su lado estaba Diego, su amor, quizás no el único, pero seguro el más grande. Más allá de los vaivenes, y por los motivos que fuera, lo cierto que es ambos compartieron más de 20 años juntos, en los que Frida empezó a pintar y, también, a escribir sus cartas.

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