El avance de la derecha latinoamericana también hace temblar las bases institucionales en el gigante de al lado. Desplazado el kirchnerismo en Argentina, acorralado Nicolás Maduro en Venezuela, ahora es Dilma Rousseff la que encara su hora más compleja. El presidente de la Cámara de Diputados acaba de dar curso a su juicio político por supuestas maniobras en las cuentas públicas que la presidenta habría hecho para maquillar agujeros fiscales.

En términos concretos se trata de una reacción del jefe de la cámara baja, Eduardo Cunha. El diputado evangélico del PMDB rompió su alianza con el PT a mitad de año y devino en ultra opositor. Se trata de una figura polémica al que la justicia investiga por cuentas non santas en suiza que vienen del caso de corrupción de la estatal Petrobras no se lo lleve puesto. La Procuraduría de Brasil investiga la causa Petrobras y acusó a Cunha de ser el responsable de pedir y recibir sobornos de 5 millones de dólares. Después de eso, el diputado rompió lanzas con Rousseff, y -mientras todavía está en la mira del Consejo de Ética de Diputados- comenzó su ofensiva.

Si dos tercios de Diputados y dos tercios del Senado entienden que la presidenta es culpable de defraudación pública, Rousseff será apartada de su cargo. 

Según Cunha, Dilma habría incurrido en un “delito de responsabilidad fiscal” tanto el año pasado como éste por demorar la transferencia de fondos a bancos públicos con los que se debían pagar programas sociales. De esta manera -aseguran- la jefa de Estado atentó contra la probidad en la administración y contra la ley presupuestaria.

 

Por su parte, apenas se enteró de la novedad Dilma juntó a los  suyos habló en cadena nacional. Dijo que recibió “con indignación” la medida “contra el mandato que me fue concedido democráticamente por el pueblo brasileño”, aseguró que su gobierno “no practicó actos ilícitos” y rechazó cualquier fundamento en el pedido de impeachment o juicio político aprobado por Cunha.

Cunha, un ex aliado del PT, impulsa el juicio político a la presidenta mientras él mismo está acusado de corrupción por unos 5 millones de dólares en el caso Petrobras. 

En su estrategia para zafar del caso Petrobras, Cunha aseguró que el PT le ofreció apoyo en las investigaciones que lo acusan de corrupto a cambio de que la presidenta no sea juzgada. Pero -siempre según el diputado- él se negó a aceptar el acuerdo. El propio Lula Da Silva intentó sin suerte que apaciguar la marea para no desgastar a Dilma. Es que también la situación en el Senado lo cercaba cada vez más desde que la semana pasada, el jefe del oficialismo en la Cámara alta, Delcidio Amaral, fue detenido, acusado de obstruir las investigaciones judiciales en torno al escándalo del petróleo.

“Recibir la denuncia es la única atribución constitucional del presidente de la Cámara y ahora un colegiado decidirá sobre lo que ocurrirá o no. Ahora le cabe a la presidenta hacer su propia defensa y será el Congreso el que decida qué pasará”, dijo Cunha. Más precisamente, será una comisión parlamentaria -convocada especialmente- la que decidirá la suerte de Rousseff.

Dicha comisión va a determinar un plazo para la defensa de la jefa de Estado y después hará un informe. Si, en base al trabajo de la comisión, los dos tercios de los 513 diputados entienden que es culpable, Rousseff deberá alejarse de la presidencia durante 180 días a la espera de la decisión de la Cámara Alta.

En ese plazo el Senado también tendrá que evaluar la situación. Si las dos terceras partes de los 81 senadores acompañan la decisión de Diputados, entonces si, la presidenta pierde su cargo y el vicepresidente Michel Temer asumiría de manera definitiva hasta las próximas elecciones. Temer es el máximo dirigente del  Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al que también pertenece Cunha.

Seis días antes de asumir como presidente de Argentina, Mauricio Macri, hará su primer viaje internacional a la capital Brasilia este viernes; en medio del escándalo que hace temblar a Dilma Rousseff. La presidenta lo recibirá en el Palacio Planalto -sede de su gobierno-, donde también estarán presentes el canciller brasileño, Mauro Vieira, y su futura par argentina, Susana Malcorra. La agenda de Macri prevé también un encuentro con la cúpula empresarial en Sao Paulo ese mismo día. El electo jefe de Estado hará después una visita a Santiago de Chile para encontrarse con la presidenta Michelle Bachelet.

Mauricio Macri

Argentina

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