Por Emiliano Gullo – @emilianogullo

“No se vayan, no se vayan. Se despidió del gabinete, pero no del pueblo”. Una señora de casi 70 años rogaba a los gritos que la gente se quedara, que Cristina había prometido salir a abrazarse con la plaza, que confiaran como habían confiado estos 12 años. Ya había terminado el último discurso oficial como jefa de Estado, en el que recordó a Néstor y desvistió su busto ante la presencia de los más altos funcionarios de su gobierno y, además, del presidente de Bolivia, Evo Morales. No tuvieron que esperar más de media hora para verla salir por última vez como presidenta. “La tarea sigue, no se confundan, el lugar natural de un militante es estar junto al pueblo”, alentó CFK.

“Cristina no se va, Cristina no se va”, la arenga emergía de una plaza de mayo desbordada con más de 100 mil personas. Antes de las 18 ya era imposible transitar los alrededores del microcentro. El acto dentro de la Casa Rosada comenzó puntual. La Presidenta inauguró el busto de Néstor Kirchner, agradeció y nombró -primero de todos- al ex candidato Daniel Scioli por haber apoyado siempre. También a las organizaciones y a la militancia. Y enseguida abordó la cuestión del traspaso de poder. “Nunca en mi vida pensé que iba a ver un presidente cautelar durante 12 horas en mi país”, lanzó en relación a la presentación elevada por Mauricio Macri -y aceptada por la jueza federal María Servini de Cubría-, que dispone que el senador Federico Pinedo desde las 0 horas de mañana sea presidente hasta la asunción de Macri.

Afuera, la gente seguía amontonándose en una plaza en la que no había lugar ni para respirar. Organizaciones sociales y políticas del kirchnerismo como Kolina, Miles, Unidos y Organizados, La Cámpora, Peronismo Militante, entre otras. También había aliados como el Partido Comunista, Radicales Populares, Seamos Libres  y los Irrompibles. Todos colmaban los espacios que también ocuparon personas sin vínculos cotidianos con la práctica política.

Como Cecilia e Ignacio, una pareja de treintañeros que llegaron desde Wilde con un hijo de dos años y otra de nueve. “Nosotros no recibimos ni planes, ni créditos, ni somos militantes. De todas maneras estamos acá para despedir un proyecto que sentimos propio, que compartimos en muchas cosas. Estamos muy tristes porque este pueblo no tiene memoria”, dijo Cecilia a #NTD. Ignacio, que trabaja como camionero, contó que nunca la había votado al FPV antes de 2011. “Yo vengo de una familia muy gorila, donde sólo se leía Clarín y se veía TN. Hasta que me mudé de la casa de mi vieja y comencé a ver otros medios de comunicación, y me di cuenta de todo el armado mediático que generó que la derecha ganara de nuevo”.

Tabaré, un uruguayo residente en el país, lo cruzó con cuidado. “Guarda que nos traicionaron. Acá no fue sólo un golpe mediático, la propia gente del peronismo nos traicionó”, contó el hombre de 67 años y con más de 40 en Buenos Aires. Y siguió: “Hay que ganar la calle de nuevo, tenemos que salir a militar con más energía que nunca”.

Entre la gente, como boyas en el mar flotaban los carteles con fotos de Néstor y Cristina, y muchos -pero muchos- que pedían abrazos. Uno decía: “Cristina te despido, que la historia te abrace”.

Adentro, todavía en el Salón de los Bustos, Cristina pedía: «Dios ilumine a toda la dirigencia argentina que va a gobernar el país para que piensen en este mundo nuevo y que cuiden a los argentinos, porque no hay un lugar seguro en el mundo y tenemos que tener la claridad de saber que tenemos que poner los intereses del país por sobre todo alineamiento con países extranjeros».

También recordó a Hugo Chávez y a Luiz Inácio Lula da Silva, a quienes calificó junto con Néstor Kirchner como “los tres mosqueteros. Y agregó: «Debería haber hablado más de él, pero creo que estaría diciendo estas cosas. Una forma de hablar de él es tratar de ser su voz en esta etapa histórica para todos los argentinos». Antes de cerrar el acto al interior de La Rosada, avisó: «Bueno, creo que hay un poco de gente que nos está esperando en la plaza. Así que muchas gracias a todos y a todas».

“Miren que no puedo hablar mucho porque a las 12 me convierto en calabaza”, se rió ante el primer panzazo de plaza. Abajo, seguían:“Ooo vamos a volver, a volver, a volver, vamos a volver”. Las miles de personas esperaban ansiosas verla cerca, ya no detrás de una pantalla, sino ahí arriba, en un escenario donde hasta no hace poco supo bailar y cantar por los festejos patrios. La presidenta siguió con una ironía sobre el futuro gobierno. “Si nosotros, con todas las corporaciones mediáticas y hegemónicas en contra, pudimos hacer tanto por nuestro pueblo. Imagino que ellos, que las tienen todas a favor, van a poder hacer muchísimas cosas más”, y arrancó chiflidos y aplausos.

Casi quebrada en llantos siguió con un sintético y emotivo balance de todas las conquistas desde 2003 para acá. “Puedo mirar a los ojos a los 42 millones de argentinos”, aseguró y repasó los históricos números de desempleo (5.4), las recuperaciones de las empresas nacionales como  Aerolíneas e YPF, las asignación universal por hijo, los nietos recuperados por las abuelas, el regreso de las paritarias libres, los aumentos a los jubilados, el lanzamiento del Arsat, entre otros.

En los alrededores de la plaza, mucha de la gente que no había podido entrar buscó la manera de escucharla. Se amontonaban en puestitos que suelen vender chiquitajes y radios portátiles. Otros encendían la radio de sus autos y abrían las puertas para que los rodearan como en un fogón. Los celulares a máximo volumen también atraían oyentes necesitados.

El discurso comenzaba a dar indicios de cierre. Muchos lo percibieron y empezaron a hacer fuerza para no llorar. Una señora mal teñida de rubia abrazaba a sus dos hijas grandes y las tapaba con una bandera argentina mientras levantaba la cabeza para tomar aire e intentar  escapar a las lágrimas. Una pareja de adolescentes se entregó dócilmente a las lágrimas.

«Eso es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, ciudadano, de las libertades, de los derechos. Gracias por tanta felicidad, tanta alegría, tanto amor, los quiero, los llevo siempre en mi corazón y sepan que siempre voy a estar junto a ustedes», cerró y una epidemia de tristeza invadió la plaza.