andy2Por Andy Flores – @andyfls

Es muy saludable tener un puñado de bares preferidos donde poder pedir que nos traigan lo de siempre. El bar es una extensión de nuestra casa, un espacio semipúblico donde pasar las horas con un café en la mano. Discutir y resolver casi cualquier problema es posible mientras no nos cierren el bar de la esquina. En otras partes del mundo, más frías y menos latinas que nuestras latitudes, es casi impensado establecer la relación que tiene el argentino tiene con los bares y cafés. Gestos, códigos, chicana política y gastada futbolera. Todo sobre la misma barra.

El bar El Federal abrió sus puertas en 1864, en los días que se iniciaba la Guerra de la Triple Alianza. Siendo rigurosos, no podemos decir que abrió sus puertas como bar, sino que tenía la forma de pulpería. Ese negocio que prosperó por toda hispano-américa y que intentaba proveer de todo lo necesario para la vida cotidiana en un solo comercio.

San Telmo era un barrio de familias patricias que construían sus casonas y mansiones con lujos dignos de la lejana Europa. Pero en 1871 el destino del barrio cambió para siempre. Una epidemia de fiebre amarilla obligó a los patricios a dejar sus mansiones y ponerse a salvo en la Zona Norte. La cercanía con el puerto hizo que los inmigrantes que pasaban sus horas cargando y descargando los barcos, habitaran los primeros conventillos en las otrora casas patricias.

San Telmo tiene las mejores esquinas de la Ciudad. #SanTelmo #BuenosAires #Argentina #Cafe #Bar

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La esquina de Carlos Calvo que alberga a El Federal, tuvo varios usos que fueron cambiando a medida que el barrio fue cambiando de identidad. Victoria trabaja de moza hace 6 años en el bar que guarda un pedazo de historia porteña, “de pulpería pasó a bar de citas, más tarde a almacén, hasta llegar a ser el bar que es actualmente. Cuando se construyó la barra, se encontraron bajo el suelo los huesos de los muertos por la fiebre amarilla”, cuenta mientras hace equilibrio con una bandeja cargada de cafés y medialunas. “Acá se filmó Cafetín de Buenos Aires, el bar fue parada ineludible para muchos tangueros”, relata Victoria.

El Federal

La historia del Bar Británico, frente a la entrada principal del Parque Lezama, merece un párrafo aparte. Gonzalo Aznares es parte de la familia que hoy lo administra y cuenta que “los dueños eran tres hermanos gallegos que se llevaban muy mal entre sí, a tal punto que hacían turnos separados para no verse las caras, con mozos y caja independiente, cada cual tenía su franja horaria”. Así el bar en los años cincuenta estaba abierto las 24 horas y fue refugio para escritores como Ernesto Sábato y para el elenco estable de las noches porteñas, bohemios y taxistas. Durante la guerra de Malvinas el nombre cambió por un tiempo a El Tánico, borrando parte de la pintura de los vidrios que dejan ver los árboles del parque.

Los Aznares son cinco hermanos y tres de ellos trabajan en El Británico. Lograron reabrirlo en diciembre del 2014 después de dos cierres y 14.000 firmas que se juntaron entre los vecinos. Hasta Joaquín Sabina bajó de un taxi después de un show en Boca y firmó por su bar de la esquina. “No es un bar turístico”, advierte Gonzalo. Aunque muchos paseantes llegan los fines de semana, durante los días hábiles es el bar que los vecinos eligen por los recuerdos que les trae:“En las mismas mesas se sentaban con sus padres y ahora vienen con sus nietos”, apunta Aznares resaltando el sentido de pertenencia de los vecinos, que sienten que el bar es de ellos más que del dueño. El ritmo de El Británico, y su gran jardín que es el Parque Lezama, tiene una cadencia muy diferente a la de los bares del microcentro. La gente se toma su tiempo para tomar café leyendo el diario. “Muchos acá tienen su propia mesa y miran mal a los turistas que se la ocupan. Son clientes muy celosos”.

En esos bares de mesas añosas y de mozos con pocas pulgas no hay lugar para el speed con champagne; los tragos son clásicos y al que pide otra cosa lo miran como si pidiera una pizza en una tintorería. Gonzalo quiere probar su punto y le pregunta a los mozos sobre el Speed con licor de melón. Ninguno parece entender de qué habla y retrucan con Ginebra, Amargo Obrero y Fernet, todo servido en medidas y, si el cliente quiere gaseosa, se pide aparte.

Cuatro bares en San Telmo

El Federal

collage el federal

Un punto fuerte del bar es su cocina. Podes encontrar picadas muy completas y el sándwich de pavita es de otro mundo. Tienen cerveza artesanal y son amigos de juntar las mesas para alojar grupos grandes. Fueron uno de los bares que impulsó la campaña por la vuelta del Vermut con sifón de soda. ¡Bien por ellos! Carlos Calvo 599

El Británico

collage británico

Sin temor a equivocarnos podemos decir que tienen los mejores guisos del barrio. Mondongo, lentejas y locro entre los más populares. En la cocina está el jujeño Dino Flores que garantiza el sabor de cada plato. También hay parrilla. Av. Brasil 399

Bar Seddon

collage seddon

Abre hasta tarde y tiene buena comida. La carta de tragos es más extensa que la de sus bares vecinos y permite combinaciones más sofisticadas. Las rabas a la romana son excelentes así como el cerdo a la cerveza con miel. Defensa 695

Dorrego Café

collage dorrego café

Es ideal para sentarse a desayunar mirando a la gente pasear por la plaza Dorrego. Son muy ricas las medialunas con jamón y queso, y si te decidís por los sándwiches, el pan es casero. Hay cerveza tirada bien fría. Humberto Primo 424

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