Se volvió loco Barbarito, hay que enderezarlo”. Barbarito se convirtió en mito. “Esa frase no estaba armada. La gritaron espontáneamente y ahora en muchos países la usan de sinónimo para decir que alguien enloqueció, como Barbarito

Por Emiliano Gullo – @emilianogullo

“Cuando juanica y chan chan / en el mar cernían arena / como sacudía el jibe / a chan chan le daba pena”. Faltan horas para que se abra la puerta del Luna Park, pero la música de Buena Vista Social Club se escucha por todos lados ¿De dónde? ¿Es la prueba de sonido que, de alguna extraña manera, traspasa las paredes del micro estadio? Después de un momento de confusión, queda al descubierto. Carlos -el cajero de la panchería de enfrente y fanático del son- es el responsable de que el tema emblemático de la orquesta cubana rebote contra las paredes del Luna. “Se que tocan ahora, ya los vi mil veces y esta vez no me dan los horarios para ir”, cuenta, con el local vacío y la música al palo. Lo que quizá no sepa Carlos es lo que dirá más tarde Barbarito Torres, mítico fundador de Buena Vista, en un diálogo exclusivo con #NTD. “Cuando íbamos para Mayarí, Compay me mostró una canción que estaba haciendo. Escuché las primeras frases y le dije que la teníamos que hacer ya. ´Espera, espera, que la tengo que terminar´, me dijo. Era Chan Chan”.

Es el último viernes de noviembre y Buena Vista Social Club encara su último show en Buenos Aires. Es parte de la gira “Adiós Tour”, que terminará a mitad de 2016 en La Habana, después de presentarse también en Europa. Varios de los músicos seguirán tocando en sus propias orquestas. Pero Buena Vista, ese proyecto surgido en 1996 que masificó la música cubana en todo el mundo, ya dejará de existir.

Ahora, en los pasillos del Luna Park, la mítica Omara Portuondo, de 85 años, llega a los camarines. Le cuesta caminar. Lo hace agachada, con la espalda encorvada como si tuviera una mochila demasiado pesada. Menos en el escenario, su médico personal la acompaña a todos lados. Entra al camarín y se abandona en uno de los sillones. El cuarto está poblado por otros asistentes. A Omara no se la venera, se la mima. Ella es la reina, pero no recibe pleitesía de sus asistentes. Recibe cariño. Es la voz, la canela de Buena Vista.

– ¿Podemos conversar un rato antes del show?

– No tengo problemas chico, pero tienes que hablar con nuestro manager para que autorice…

Lo sabemos. nunca va a suceder. Hay que ir por otro lado.

Bárbaro Torres, 59 años, laudista genial y miembro fundador de Buena Vista, acaba de terminar de cenar. Son las 20, y la orquesta ya está con la panza llena. Todavía tienen una hora y media antes de salir al escenario. El laudista había arrojado antes una promesa al pasar, más parecida a la gambeta que a un compromiso. “Ahora no, hablemos después de comer”. Pero, contra todo pronóstico, es el músico el que viene al encuentro con #NTD. “¿Tu querías hablar conmigo?”

A Bárbaro, una espontaneidad lo inmortalizó en el medio de la grabación de El Cuarto de Tula. Estaba haciendo un solo enloquecido con esa especie de guitarra árabe que es el Laudo, cuando alguien gritó: “Se volvió loco Barbarito, hay que enderezarlo”. Barbarito se convirtió en mito. “Esa frase no estaba armada. La gritaron espontáneamente y ahora en muchos países la usan de sinónimo para decir que alguien enloqueció, como Barbarito”, se ríe.

Sólo deja la carcajada cuando reflexiona sobre el proceso de acercamiento entre su país y Estados Unidos. Hace un mes, el gobierno de Barack Obama los invitó a tocar a la Casa Blanca como símbolo de ese proceso. “Fuimos los primeros cubanos residentes en cuba que ingresamos a la casa de gobierno de Estados Unidos. Imagínate que fuimos nosotros los que llevamos al nuevo embajador cubano. Tocamos cuatro canciones, nos reunimos con Obama. Él sólo dijo que quería llegar como Omara a su edad. Y luego se fue. Eso estuvo muy bien. Creo que sirvió simbólicamente y parece que el proceso está bien encaminado. Pero lo que hay que hacer de una vez es levantar el bloqueo”, dice Barbarito.

El laudista tiene claro las razones de esa invitación. “Nosotros, Buena Vista, pudimos romper el bloqueo musical y cultural que también pesaba, y pesa, para Cuba en todo el mundo. Para el público internacional, la música cubana se había frenado en 1959, cuando somos una gran escuela de músicos talentosos”. Es que, al interior de la isla, músicos como Ibrahim Ferrer y Compay Segundo ya eran leyendas antes de que los convocaran para el proyecto a fines de los 90´s. Pero de pronto fueron estrellas mundiales con más de 80 años. Barbarito los recuerda con afecto particular. “A ibrahim lo traje yo. Desde Europa vino la idea de hacer Buena Vista, entre los nombres pedidos estaba yo, Compay, y Celina González. Así que fui a la casa a buscarlo. Pero decía que no, que estaba viejo y cansado. Hasta que lo convencí. Luego Celina no quiso, y ahí fuimos a buscar a Omara”.

Con Compay la situación lo encontró muchos años atrás. En 1977, un joven Barbarito tocaba y tocaba el laudo como un animal en su casa de Matanza. Su vertiginoso prestigio atravesó rápido toda la isla.

“Era septiembre de 1977. Se había muerto mi padre, quien me había empujado hacia la música. Yo ya no quería saber nada. Pero se apareció Compay en mi casa, me pidió que me fuera con él. Y mientras yo le insistía con que no, que no quería irme a hacer música, mi madre ya me había hecho las valijas. Ella me botó con Compay. Imagínate si lo conocí. Sus mañanas eran Ron, Tabaco, y café; imposible olvidarme”.  

Desde la producción general pegan el último grito. Es la hora. Una vez con los músicos preparados, el recital arranca como todos los de Buena Vista. Con una orquesta encendida y un público prendido fuego. Después de algunas canciones, Omara se aferra, sola y en las sombras, a la escalera del escenario. Espera su turno. Parece que no va a terminar de subir los escalones. Sólo de cerca se nota el esfuerzo que tiene que hacer. Finalmente llega. Las luces la encuentran; la levantan. La gente, de pie, rompe palmas y gargantas. Omara, erguida, gigante y vital, comienza a cantar. El show recién empieza.

A ibrahim lo traje yo. Desde Europa vino la idea de hacer Buena Vista, entre los nombres pedidos estaba yo, Compay, y Celina González. Así que fui a la casa a buscarlo. Pero decía que no, que estaba viejo y cansado. Hasta que lo convencí.

Bárbaro Torres

Miembro fundador de Buena Vista, Laudista cubano

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