andy2Por Andy Flores – @andyfls

Tomar el Transiberiano es un viaje que te desafía a atravesar Siberia durante 8 días. Desde Moscú hasta Vladivostok, con ramales que llevan a Mongolia, China y Corea del Norte. Una vía de diez mil kilómetros, el equivalente a viajar en tren desde Ushuaia a Caracas, pero a 50° bajo cero.

DOS VERSIONES. Existen trenes de lujo, como El Rusia Imperial, que hacen la ruta del Transiberiano, ofreciendo paquetes armados a precios exorbitantes. Para aquellos que le escapan al turismo de agencia -y a los gastos exorbitantes- existe el Transiberiano clásico, para viajar por Rusia como viajan los rusos. A sus vagones nos subimos.

Москва

Yaroslavsky es la estación de trenes más grande que vi en mi vida, y la más concurrida de las nueve que tiene Moscú. Desde una de las paredes que coronan la estructura de hierro, Lenin señala con brazo firme el camino a obreros, científicos y campesinos hacia el triunfo de la Revolución proletaria más importante de la historia. Estructuras enormes y pesadas, personas que parecen muñequitos al lado de puertas gigantes, rastros de la magnificencia de un Estado soviético de tamaño monumental. Así es Moscú.

Es complicado hacerse entender sin hablar ruso. Algunos jóvenes hablan inglés, pero son los menos. A oído del latino, acostumbrado a idiomas amables y canturreados, el ruso puede parecer áspero al principio, pero no es nada que no pueda resolverse con un vodka.

Se pueden chequear precios y horarios en Russian Train. Aunque una buena opción es sacarlos directamente en Moscú.

El subte, un lujo comunista

Mapa del metro de Moscú

Mapa del metro de Moscú

El sábado a la noche era el día marcado para subirnos al tren. Estábamos parando en la casa de una couchsurfer rusa que después de una semana ya sabía putear en argentino y decir “que frío, la concha de la lora” sin perder el acento. Nos habíamos pasado la semana comprando camperas, asustados por el otoño que se avecinaba. La hospitalidad del vodka hizo que esa noche nos zambuyeramos con el tiempo justo en esa maraña de líneas de subte que agujerean la capital rusa bajo el río Москва. Las estaciones, construidas por el Partido Bolchevique, materializan la idea de que los palacios tienen que ser para el pueblo con paredes de mármol y lámparas de lujo. El subte pasa cada 25 segundos, y aún así viene lleno como la Línea D en hora pico.

Por suerte платформа se pronuncia “plataforma” y todos entienden rápido lo que buscamos. Un amontonamiento de vagones con letras en cirílico y rusos con abrigos de piel -todos fumando- está esperando para convertirse en nuestro hogar por varios días.

Hay un tren que cruza Siberia

La tercera clase del Transiberiano no se parece a ningún tren que haya tomado antes. Cubículos abiertos de dos cuchetas enfrentadas, separadas por una mesa, conforman el vagón.

Una señora con uniforme ferroviario nos reparte las pertenencias que vienen con el pasaje, a saber: una taza de vidrio y metal, una cuchara, una almohada y una frazada. Nos habla en ruso y le importa poco que no le entendamos. Cargamos  todo como podemos hasta encontrar nuestras cuchetas donde nuestros vecinos son dos rusos que pelan una naranja con un cuchillo gigante: siento como si entrara en una celda en pijama y abrazado a un peluche. Pero como sucede siempre en Rusia – es regla- el vodka hace amigos.

Son las 11 de la mañana y es noche cerrada. Arriba del tren el horario que se usa es el de Moscú, aunque llevemos recorridos más de 5.000 kilómetros y siete zonas horarios. Sospecho que nadie sabe bien qué hora es en realidad y que todos ya están un poco locos. Una pareja mongola nos invita una cerveza, encontramos un tercero que habla inglés y hay rumores de que en el otro vagón hay dos Latinos, pero nadie sabe bien dónde queda ese asunto de Argentina.

Como todo viaje que escapa a las agencias y paquetes turísticos, tomar el Transiberiano por tramos abre la posibilidad de terminar en casi cualquier lugar. Desde Irkutsk es posible tomar el Transmongoliano para llegar a la capital de Mongolia y desde ahí seguir viaje hasta Beijing. Todo en tren, por supuesto.

La ruta del Transiberiano llevó 13 años de trabajo y fue inaugurada en 1904 con la intención de unir el gigante Imperio Ruso. El fin del recorrido ferroviario en Vladivostok no es casual, en ruso significa “poder sobre oriente”.

Una lista de pendientes

PARADAS. Irkutsk es una buena parada intermedia. Queda a tres días de tren desde Moscú y muy cerca de la ciudad está el Lago Baikal, el más profundo del mundo, que a pesar de su profundidad, en invierno se congela por completo.

DONDE ALOJARSE. Una buena forma de conocer lugares tan lejanos es, además de caminar sus calles, vivir con locales. Couchsurfing es una muy buena opción -gratuita – para dormir en un sofá a miles de kilómetros de casa. Se conoce gente, se visitan lugares fuera del mapa turístico, y sobre todo, se hacen amigos.

Muchos viajeros tienen una lista de lugares pendientes de conocerdonde conviven destinos de todos los continentes. Viajar en el Transiberiano es una aventura que definitivamente tiene que estar en esa lista.

 

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