Por Pablo Taricco – @tariccopablo

En septiembre de 1957 el referente de la Alianza Nacionalista Argentina Guillermo Patricio Kelly estaba preso en Chile. El gobierno del presidente Ibañez había decidido extraditarlo a Buenos Aires, donde era requerido por la dictadura de Pedro Aramburu.

Algunos meses atrás, Kelly había protagonizado una de las fugas más impresionantes de las que se tenga memoria en Argentina. Allá por el mes de marzo, junto a otros importantes líderes peronistas -como Héctor Cámpora, John W. Cooke y Jorge Antonio- habían escapado de la cárcel de Río Gallegos donde permanecían detenidos como presos políticos.

La fuga los había obligado a cruzar la cordillera, y una vez en Chile habían solicitado el asilo abriendo un compás de tensas negociaciones entre Buenos Aires y Santiago: de un lado el gobierno argentino presionaba para lograr la extradición de los fugados. Del otro, Juan Domingo Perón hacía valer su influencia desde Caracas, terciando por la libertad de sus hombres.

Finalmente el gobierno de Ibañez concedió el asilo para todos menos para Kelly, a quién consideró un delincuente común por sus actividades de agitación política violenta durante el peronismo.

Por eso, cuando la cuenta regresiva de la extradición se puso en marcha, el operativo de liberación de Guillermo Patricio Kelly entró en su fase definitiva. Un grupo de activistas pro-nacionalistas, con solapado apoyo oficial chileno, planificó un coqueto plan de fuga que pasaría a la historia.

Como dos damas saliendo de la cárcel

Blanca Luz Brum, la cómplice

El plan de escape tenía una co-protagonista: la poeta uruguaya Blanca Luz Brum había sido elegida para el meritorio papel de acompañante de Kelly en la huída. Su militancia justicialista en Buenos Aires durante los años 40 la habían hecho merecedora de la confianza del líder de la Alianza Nacionalista Argentina y, según dicen, del propio Perón. Su posición de dama de alcurnia en la Santiago de mitad de siglo la colocaban en situación inmejorable a la hora de poner en valor las apariencias.

El plan consistía en hacer cotidiano su ingreso a la penitenciaría de Santiago. Todas las tardes a las 7.30 la mujer atravesaba la puerta junto a otra acompañante. Una hora después salían. El ritual se repitió sistemáticamante durante todo un mes. Como era de esperar, esas dos señoras piadosas que acompañaban a los condenados con admirable tenacidad cristiana no tardaron en ganarse el saludo y la buena disposición de los guardias.

Y aquel 28 septiembre, mientras las autoridades argentinas reclamaban por la ya exagerada demora en la extradición de Kelly, dos damas salían de la cárcel a la hora de siempre: una de ellas era Blanca Luz Brum, la otra Guillermo Patricio Kelly envuelto en un elegante tapado de terciopelo negro. Una peluca rubia, anteojos oscuros, guantes de gamuza y una pequeña cartera de mano roja completaban el ajuar de aquel activista de Perón.

-Hasta luego, que Dios los bendiga- saludó Blanca Luz a los guardias al atravesar el portal de la penitenciaría.

 

En la pluma de Gabo

Kelly joven, a la edad de la fuga

En 1958 Gabriel García Márquez escribió un gran reportaje sobre Kelly en Caracas. Cuando el reo argentino llegó a Venezuela a entrevistarse con su líder, el aún joven escritor y periodista colombiano se fascinó con su persona, y le dedicó una extensa nota colmada de halagos. “Kelly sale de las penumbras” se publicó en la revista venezolana Momento, y abunda en detalles sobre la mecánica de la huída de la prisión en Santiago.

Allí Gabo detalla como “Patricio Kelly inició el largo y difícil aprendizaje de hacerse pasar por una mujer. Aprendió a caminar con tacones altos, a reproducir con naturalidad los más secretos ademanes de la coquetería femenina, a imprimir a su voz un registro exquisito”.

Es una gran nota, y podés leerla acá

También hay un camino alternativo para conocer la historia de esta fuga, y es el relato de Blanca Luz Brum, que podés leer acá

 

 

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