El 5 de octubre de 1988 cayó miércoles y el 97% del pueblo chileno en condiciones de votar se acercó a las urnas en un día que – aunque nadie lo esperaba – se convertiría en el principio del fin de la dictadura pinochetista. En el plebiscito había dos opciones, sí y no. Si ganaba el “sí”, Pinochet preveía quedarse en el cargo hasta el 11 de marzo de 1997. Si triunfaba el “no”, se convocaría a elecciones democráticas.
El resultado no dejó lugar para la duda. 55,99% votó por el “no” a la continuidad de la dictadura, 44,01% al “sí”. Las crónicas de esa noche hablan de cortes de luz, incertidumbre y tensión. Nadie sabía que sucedería realmente tras el triunfo de la opción por el “no”. Solo años después se desclasificaron los documentos de Estados Unidos que probaron que existían planes para que en La Moneda se iniciara la violencia que habilitara el contexto para perpetuarse en el poder, a pesar de la negativa en las urnas.
Finalmente, bien entrada la noche de aquel 5 de octubre de 1988, el gobierno reconoció su derrota en las urnas pero se prorrogó el periodo presidencial de Augusto Pinochet por un año más –hasta el 11 de marzo de 1990–, para poder convocar a elecciones presidenciales y parlamentarias al año siguiente.
Más allá de la prórroga, la dictadura había encontrado su final y un año más tarde asumiría Patricio Alwyn de la Democracia Cristiana, marcando el comienzo de 20 años de gobierno de centroizquierda en Chile.
A un mes de la fecha pautada para el plebiscito aparecieron los primeros spots, cada uno de 15 minuto. Pronto la superioridad en la realización y en el discurso del spot por el “no” empezó a ser evidente.
La campaña generó profundos debates al interior de la Concertación. Mientras para algunos la discusión pasaba por poner el foco del spot en denunciar las atrocidades cometidas por la dictadura, para otros sectores liderados por los publicistas, el eje debía estar en el futuro, la alegría y la esperanza. De esas discusiones al interior del “no”, salió este histórico spot: la alegría ya viene.

Las discusiones sobre el perfil que debían encarar de cara al 5 de octubre se pueden ver en la película “No”, en la que Gael García Bernal interpreta a un joven publicista que viene del campo privado a romper con una serie de esquemas.

El eje de la campaña terminó centrándose en que, una vez terminada la dictadura, no se volvería a los tiempos de Allende. A pesar de esto, la campaña presentaba crudos relatos de las violaciones de los derechos humanos, pero mantenía características positivas, tratando de resaltar que el triunfo del “No” no implicaría necesariamente un gobierno socialista.
La opción por el “si” fue respaldada entre otros por los partidos Renovación Nacional (RN), la Unión Demócrata Independiente (UDI) y diversos grupos pro gobierno militar. En torno al No se formó la Concertación de Partidos por el No, agrupación compuesta por 16 colectividades, que reunía a la casi totalidad de la oposición al régimen militar. Este conglomerado pasó a llamarse luego Concertación de Partidos por la Democracia y gobernó Chile desde el retorno democrático hasta 2010.

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