Por Julia Muriel Dominzain – @juliamdominzain

Hazte la fama y échate a morir. Ricardo López era un fumigador uruguayo que nació en Montevideo, se suicidó en Miami y renació en Wikipedia: documentó sus últimos 9 meses de vida en 18 horas de video y 803 páginas de un diario íntimo, quiso asesinar a la cantante islandesa Björk con una bomba de ácido sulfúrico y se pegó un tiro en la frente mirando a cámara. El fan no la conocía pero estaba enojado porque ella no le daba bola y porque estaba de novia con un negro. Cuando se enteró de la historia, ella compuso un tema en su honor.

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El 14 de enero de 1996 Ricardo cumplió años por última vez. Para festejar sus veintiuno salió de su departamento en Miami, se compró una filmadora, volvió a su monoambiente, colocó el artefacto en un trípode, apretó REC y rezó el preámbulo de su camino hacia la locura:

Ricardo López documentó sus últimos 9 meses de vida en 18 horas de video y 803 páginas de un diario íntimo

Ricardo López documentó sus últimos 9 meses de vida en 18 horas de video y 803 páginas de un diario íntimo

“Testing. Uan. Tu. Tri. Yo soy Ricardo. Vos sos una filmadora. Voy a empezar una documentación de mi vida, mi arte y mis planes. Voy a mostrarte quién soy sin pretender parecer inteligente o cool: seré honesto”

Ricardo fue un hijo de la vejez. Así se define: “Nací cuando mi mamá tenía 40. Mi hermano más grande tiene 39 y Jorge 35. Fui un hijo inesperado”. Era morocho, usaba el pelo corto. Era -o estaba- muy gordo. Tenía nariz chiquita, pestañas arqueadas, boca pequeña. Usaba remeras gastadas, calzones estirados. Consumía pastillas para dormir y hamburguesas de Mc Donald’s: era su combo preferido. Trabajaba de fumigador y era uno de los 118 mil inmigrantes uruguayos que vivían en Estados Unidos en la década del ‘90, según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El monoambiente en el que vivía en Fort Lauderdale (al norte de Miami) era pequeño, oscuro y también era -o estaba- desordenado, abandonado, caótico. Tenía las ventanas tapiadas con telas y había hojas, lápices y envoltorios tirados en el piso. Ricardo amaba con locura (ponele) a la exótica, vanguardista, colorida, oscura e islandesa Björk.

“Qué hermosa cara, ¿no es preciosa?”, le pregunta a la cámara como si le preguntara al universo. Naturalmente, nadie responde. “Tiene un look encantador. La primera vez que la vi me rompió la cabeza. Sus ojos y su belleza son explosivos. Cierro mis ojos y la veo perfectamente, conozco su cara, cada línea”, dice y acerca al lente una foto en blanco y negro de Björk. La mira y es feliz: la disfruta, la saborea. Pero de pronto se detiene y frunce el ceño. Hay un problema. Algo no está bien: “She is fucking a nigger (se está cogiendo un negro) -anuncia y decide-. Eso es inaceptable para mí, voy a tener que matarla”.

Ese es el primer argumento para asesinar a la cantante. Luego explica cómo: fabricaría una bomba con ácido sulfúrico, la camuflaría en un libro, la metería en un sobre con la misma estética que usan las revistas de moda, la enviaría al hotel en Inglaterra donde paraba la artista y listo el pollo. Simple, lineal, práctico, dinámico, caprichoso, efectivo. Dos días después, en el siguiente video, Ricardo se pone complejo, profundiza el argumento, se sincera y dice algo que lo convierte en el psicótico perfecto:

“Cuando esté muriendo quiero que sepa que soy la persona más influyente en su vida: soy quien se la quité. Es la única forma de que se interese en mí”.

Para la perfiladora criminal María Laura Quiñones Urquiza, el uruguayo muestra rasgos psicóticos y narcisistas: “Me recuerda a Mark David Chapman -el asesino de John Lennon- y en sus declaraciones queda clarísimo que necesita ser mirado, observado, admirado”, dijo a #NTD. “Soy mejor que vos, que vos y que cualquiera en este mundo”, dice Ricardo en el video de las 5 de la tarde del 23 de enero.

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El 16 de septiembre de 1996, cuatro días después del suicidio, los vecinos del edificio sintieron mal olor y llamaron al 911. La policía entró al monoambiente y se encontró con un cadáver obeso, dieciocho horas de video capturadas en VHS, ochocientas páginas de un diario íntimo, un revólver calibre 38, paredes escrachadas con fotos de la cantante islandesa y mensajes para el FBI: “La cinta de 8 mm es la documentación de un crimen”, decía en pintura negra.

Los oficiales evacuaron el edificio por prevención, pero cuando vieron los videos supieron que la bomba no estaba ahí: Ricardo la había mandado por correo al hotel en Londres en el que estaba la artista. La Scotland Yard (policía londinense) interceptó el envío y Björk vive. Pero cuando se enteró de la historia se deprimió y le compuso una canción: “Voy tratando de huir de este tren del corazón roto. Estoy intentando aterrizar nuestro aeroplano de una forma elegante pero parece que su destino es chocar”, dice la letra de ‘So broken’.

El uruguayo estaba obsesionado con ella, aunque nunca se habían visto en persona. En el video del 21 de enero lo explica:

“Ustedes podrán decirme: ‘Ni siquiera la conocés, ¿de qué estás hablando? ¡Estás loco! No podés amar a alguien que no conocés, el amor es tiempo’. Pero no: ¿saben qué es el amor? El amor es un químico, una sustancia biológica que larga tu cerebro: eso es true love”.

Después mueve la cabeza como si algo le doliera. Se saca un moco. Habla del novio negro de Björk y pone cara de asco. “Hay un perfil de stalker que, aunque nunca tuvo una relación con la persona, construye un vínculo amoroso en su cabeza. Cuando lo confronta con la realidad no puede tolerar la frustración y necesita sostener el vínculo con el otro, dominarlo, perturbar su tranquilidad psicológica”, explicó Quiñones a #NTD.

A lo largo de los nueve meses al fan se lo ve cada vez peor. Transpira, engorda, se arranca pedazos de pelo con una tijera. “Se lo ve en una progresión psicótica que avanza y es cada vez más peligrosa: es como una cuenta regresiva”, dijo a #NTD Cristian Andrada, comunicador especialista en analizar ‘microexpresiones’. Buscó rastros de emociones profundas en los videos, observó los gestos y encontró tristeza, ira, asco y hasta alegría -cuando piensa en la posibilidad de que ella, por fin, lo registre-.

Ricardo arquea la comisura de los labios y baja los párpados y comunica que está triste. Cuando las cejas se entrecierran, los labios se aprisionan y la mirada se cristaliza, el uruguayo muestra su ira, una emoción que indica “una progresión muy probable a la agresión”. El asco ocurre en el centro del rostro: el fan frunce la nariz y levanta el labio superior. Algo le genera rechazo profundo: él mismo.

“¿Ven esto?”, pregunta y señala el departamento. Hay una tele de tubo gris, ropa abollada en el suelo, una biblioteca de chapa, papeles, papelitos, cuadernos, un teléfono, zapatos, blísters de pastillas vacíos, cajones abiertos, un colchón contra la pared. “Soy un cerdo, soy desagradable, gordo, sucio. Por eso no estoy interesado en encontrar una novia. Soy un pedazo de mierda. Así me siento”, dice.

Para Andrada, ver al uruguayo es ver “a un carrito que ya llegó a la cima de la montaña rusa: no hay forma de detenerlo, ya está lanzado”. Sólo queda bajar. Casi todo el tiempo Ricardo usa un plano medio: se le ve la cara y el torso. Algunas veces -pocas pero fuertes- se ve el calzón.

La última hora

La última hora

Durante las últimas horas de su vida, el 12 de septiembre de 1996, se filma desnudo de toda desnudez. Es decir: sin ropa, sí. Pero también más solo que nunca. Nadie se acerca. Nadie le hunde la cabeza en un abrazo. Porque nadie lo vio: ni su mamá ni su papá ni sus compañeros de trabajo ni sus clientes ni sus vecinos. Su único interlocutor fue la cámara.

Antes de apuntarse a la boca, Ricardo pone detrás de su cabeza un cartel que dice “Lo mejor de mí”. Quería que, al gatillar, la sangre se esparciera sobre las letras. Pero no pasó: el disparo fue seco, él se cayó de la silla y el letrero quedó en blanco. De fondo, sonaba el tema de Björk “I remember you”:

“Recuerdo también
Una campana distante,
Y las estrellas que cayeron
Como la lluvia, de la nada”

Tiempo después, Ricardo pasó a su segunda vida y renació en Wikipedia:

Ricardo López
Otros nombres: Acosador de Bjork
Nacimiento: 14 de enero de 1975 – Montevideo, Uruguay
Fallecimiento: 12 de septiembre de 1996 – Estados Unidos Hollywood, Florida, E.U.A
Nacionalidad: uruguayo/estadounidense
Ocupación: Exterminador
Conocido por: Intento de asesinar a Björk

 

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