Por Emiliano Gullo – @emilianogullo

“A María Luisa, en el día que dejó de ser mi novia: 14-II-49. Felisberto”. Dedicatoria de Las Hortensias

Francia, diciembre de 1947. París está lejos de ser una fiesta, aunque por lo menos ya no caen bombas. Esta noche en el Pen Club el poeta franco uruguayo Jules Superville introduce en sociedad a su amigo, el pianista y escritor Felisberto Hernández, quien llegó de Montevideo para gozar de una beca.

El salón está repleto de intelectuales franceses y sudamericanos. Por ahí también pasea, copa en mano, Oliverio Girondo. El poeta argentino no pierde de vista a una morocha rabiosa, de ojos enormes y sonrisa cristalina. No es el único, Felisberto también está embobado. “María Luisa de Las Heras”, se presenta ella. En unos minutos, el uruguayo es abducido por la belleza de esa gitana refinada.

La misión de Patria -nombre secreto de África de Las Heras en la NKVD (futura KGB)- costó menos de lo pensado. Moscú tenía razones de sobra para confiar en esa española oriunda de la ciudad de Ceuta, entrenada en sus comienzos por otra espía: Claridad Mercader. El éxito la precedía. La operación que tramó años atrás en México, junto a Ramón, el hijo de Claridad, daba cuenta de eso.

El enloquecido Felisberto no dudó un segundo en llevarse a la morocha a Montevideo. Es que, en realidad, ella lo llevaba a él, sólo que él no se daba cuenta. De hecho, nunca se daría cuenta de que dormía abrazado una de las mejores espías de la KGB.

El objetivo de Patria era claro. Infiltrarse en el círculo intelectual de Montevideo y operar desde ahí hacia el resto Sudamérica. En febrero del 49, poco más de un año después de conocerse, María Luisa dejó de ser la novia de Felisberto para convertirse en la señora de Hernández. Así lo cuenta el mismo Felisberto en la dedicatoria a su texto Las Hortensias, uno de los pocos, quizá el único, escrito en tercera persona.

La cobertura de la espía era doble. Una hermosa mujer, de apariencia sencilla, casi básica, convivía con su marido, un escritor poco masivo pero ya con cierto relieve y de un anticomunismo rabioso. Él se dedicaba a sus escritos; ella no desatendía su hogar mientras trabajaba como costurera.  Tejía, pero no sólo hilos.

 

Felisberto Hernández, escritor uruguayo

Felisberto Hernández, escritor uruguayo

África nace el 27 de abril de 1909 en Ceuta, ese anclaje español pegado a Marruecos. A los pocos años se muda con su familia a Madrid, donde termina la educación básica en un colegio de monjas. Al parecer no fue muy persuasiva la formación de las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús. Apenas arrancados los años ´30, la futura espía ya es parte de las Juventudes Socialistas Unificadas catalanas. Comanda acciones clandestinas y patrulla la ciudad ante el peligro del golpe de Estado; cosa que finalmente sucede en 1936.

Tiene 27 años. Su coraje, disposición, organicidad e intelecto la convierten en un cuadro seductor para Moscú. Además de conocer a importantes dirigentes durante sus acciones en Barcelona, como el anarquista Buenaventura Durruti, y los dos jefes soviéticos enviados a la Guerra Civil, el húngaro Ernö Gero y el ruso Alexei Orlov, África se encuentra a una mujer 11 años mayor, de larga trayectoria dentro del PC. Como integrante del NKVD, Claridad Mercader tiene los ojos entrenados para darse cuenta de una potencial espía. La morocha que acaba de conocer y que a su vez según el escritor cubano Leonardo Padura es la amante de su hijo Ramón, es la persona ideal para la misión que planean en el Kremlin: matar a León Trotsky.

El primer destino de la flamante agente es Noruega, segundo lugar de exilio de Trotsky. Mientras se filtra en las líneas trotskistas, se familiariza con las técnicas de radiotransmisión y detalla los movimientos del líder soviético en disidencia. Viaja con él al DF mexicano como una suerte de asistente. Ganada su confianza, brinda los planos de la casa de Trotsky al pintor stalinista David Siqueiros para concretar el asesinato. Sin embargo, el grupo del pintor falla en el operativo. La fachada de Patria corre riesgo de caer y tiene que huir a Rusia escondida en un barco. Un año después, Ramón, el hijo de su mentora, terminará con la tarea. En Moscú profundiza sus conocimientos de radiotransmisión, pero dura poco tiempo en la capital soviética.

 

África Las Heras en la URSS

Mayo de 1942. La Segunda Guerra Mundial hace arder Europa. Patria está desesperada por ir al frente. El coronel Dimitri Medvédev la integra en Los Vencedores, un grupo reducido de voluntarios que operarían en la retaguardia de los nazis para conseguir información y desviarla a Moscú.

Salta en paracaídas sobre Ucrania para perforar las líneas enemigas, desde donde pasará información por radio detrás de los nombres de Ivonne Sánchez o La Serrana. Acabada la guerra, Patria tiene una nueva misión: montar un eje de espionaje en Sudamérica. Montevideo era el lugar elegido. Sólo faltaba el candidato.

Ahora la modista de alta costura y exiliada española, María Luisa de Las Heras, aterriza en la capital uruguaya junto al escritor Felibserto Hernández.  Se casan al poco tiempo. Felisberto termina de darle forma a su cuento largo Las Hortensias. Los biógrafos de la espía y los especialistas en la literatura de Felisberto dirán que ni el escritor ni su entorno íntimo sabían de la verdadera profesión de la modista María Luisa. Sin embargo, un pasaje de Las Hortensias llama la atención. En el relato, un hombre de clase alta y gustos particulares, Horacio, se enamora de muñecas. Alex, proveedor de sus amores, dialoga con él ante la presencia de una nueva conquista:

  • ¿Qué te parece esta, Alex?
  • Muy hermosa, señor. Se parece mucho a una espía que conocí en la guerra 
  • Eso me encanta – responde Horacio

Al día siguiente –continúa el relato– señalando a la (muñeca) rubia, Horacio dijo a las mellizas (las sirvientas)     

       -De hoy en adelante deben llamarla señora Eulalia

A la noche Horacio preguntó  a las mellizas:

        -¿Quién está en el comedor?

        -La señora Eulalia, dijeron las mellizas al mismo tiempo.

Pero no estando Horacio, y por burlarse de Alex, decían:          

-Ya es hora de ponerle el agua caliente a la espía”

África y su jefe italiano de la KGB

África y su jefe italiano de la KGB

Lo cierto es que, dos años después de las nupcias, el matrimonio Hernández – Las Heras llegó a su fin. Dicen sus amigos más íntimos que la pareja era de todo menos feliz. Con la ciudadanía uruguaya en sus manos, María Luisa pidió el divorcio y en 1956 se casó con Giovanni Antonio Bertoni, su jefe espía recién llegado de Moscú, un italiano que en la superficie actuaba como Valentino Marchetti.

Con el paso de los años Giovanni (y/o Valentino) comenzó a cuestionar ciertas políticas del estalinismo. Para 1964 esas críticas hicieron imposible la relación.  La policía lo encontró muerto en su casa de Montevideo. Nunca pudieron esclarecer las causas. Ese mismo año moría Felibserto Hernández de una leucemia fulminante.

África-María Luisa-Patria abandonó Uruguay en 1967 y se estableció para siempre en Moscú. Las autoridades
soviéticas la condecoraron con la Orden de Lenin, entre otras importantes medallas, y la nombraron coronel del Ejército Rojo. Se dedicó a la instrucción de nuevos espías hasta que le dio el cuerpo.

Murió en 1988, a los 78 años. Su cuerpo está enterrado en el cementerio Kuntsevskoe. A pocos metros de su tumba, otra lápida dice, en ruso y en español: “Al héroe de la Unión Soviética Ramón 1913-1978, Ramón Mercader del Río”.


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