Por Sofía Benavides – @sofiasbenavides
Ana Belén Montes pasó de niña prodigio del Pentágono a una celda en el Centro Federal Médico Carswell en Forth Worth, Texas. Durante los 17 años que duró su meteórica carrera en inteligencia, Montes fue varias veces condecorada. Experta en asuntos militares cubanos,  sus opiniones sobre la isla fueron atentamente escuchadas por los encargados de la Defensa de los Estados Unidos. La “Reina de Cuba” -como la apodaban sus compañeros en el Pentágono por sus conocimientos – cumplió 58 años en la prisión en la que está detenida desde el año 2002, acusada de “conspiración para cometer espionaje” contra su país.

Esta estadounidense hija de padres puertorriqueños tiene el honor de ser la funcionaria de más alto rango acusada de espionaje en la historia de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), donde fue catalogada de “maestra de espías”.

Desde la celda compartida en la que cumple su condena, Montes cuenta los días que le quedan para recuperar su libertad. Y con 13 años ya cumplidos, los ocho restantes no parecen tantos. Según la página de la cárcel de Carswell, la reclusa 25037-016 abandonará la prisión el 1 de julio del año 2023.

Su historia fue parcialmente ignorada por los medios, agobiados entonces por la voladura de las torres gemelas y por el bautismo de lo que fue conocido como la “Guerra contra el Terrorismo”.

Ahora, el nombre de la mayor espía cubana volvió a aparecer, tímido, con motivo del intercambio de prisioneros que Cuba hizo con Estados Unidos, en el contexto del anuncio del restablecimiento de las relaciones entre ambos países.

Es que Ana Belén es el lado B de otro doble agente: Rolando Sarraff Trujillo, un cubano de 51 años liberado junto al empresario estadounidense Alan Gross en diciembre y calificado por Barack Obama como “uno de los activos de inteligencia más importantes que Estados Unidos haya tenido jamás en Cuba”.

La galardonada Ana Belén

La galardonada Ana Belén

Un fuerte hermetismo rodeó la liberación de Trujillo, cuya identidad nunca fue confirmada a pesar de que todos los indicios desde ambos lados del Golfo de México apuntaban al mismo hombre. Las autoridades estadounidenses se limitaron a informar que se trataba de un criptógrafo experto en descifrar los códigos que usaban los espías cubanos que fue clave para descubrir las operaciones secretas de Ana Belén Montes.

Pese a las circunstancias desfavorables, es probable que Montes no guarde rencor a Trujillo por hacer lo mismo que ella hubiera hecho en su lugar. Según el periódico británico The Guardian, en una carta que escribió el año pasado a un amigo dijo que “la moral del espionaje es relativa”.

E insistió: “En la actividad siempre se traiciona a alguien; algunos observadores pensarán que esta traición es justificada y otros pensarán lo contrario, dependiendo el caso”.

Ese principio rigió toda la carrera de Ana Belén. Su privilegiada posición, estaba a cargo de los asuntos militares cubanos, le facilitó el acceso a secretos militares que compartió con sus jefes de la Inteligencia cubana. Pero su condición de doble agente le permitió todavía más. Fue la autora de informes confidenciales para el gobierno de Bill Clinton en los que minimizó la importancia del peligro del castrismo para los Estados Unidos.

Nacida en una base militar estadounidense de la ex Alemania del Este en plena Guerra Fría, Montes pasó los primeros años de su vida en Europa. Más tarde su padre fue trasladado a Kansas. Estudió en distintos colegios militares y selectos internados, lo cual allanó su camino rumbo al Pentágono.

El amor de un argentino durante un intercambio que la llevó a España fue el primer contacto que tuvo Ana Belén con las ideas que cuestionaban la política estadounidense para Latinoamérica.

No fue difícil de persuadir. Al poco tiempo, Montes fue contactada por Marta Rita Velázquez, otra espía acusada de trabajar para Cuba.  A Marta, Estados Unidos la sigue buscando. Todavía no pudo detenerla en Suecia, donde la extradición no aplica para casos de espionaje.

Marta Rita Velázquez, nacida en Puerto Rico, fue la llave que le abrió a Montes la puerta del mundo del espionaje. Poco después de conocerse, Velázquez llevó a Montes a una oficina de la inteligencia cubana en Nueva York, la acompañó en un viaje secreto a Cuba para que recibiera un “entrenamiento operativo” en 1985 y más tarde la ayudó a conseguir el empleo en la Agencia de Inteligencia de Defensa.

Ana Belén y Rolando Sarraff Trujillo, el espía que quedó en libertad tras el acuerdo entre Cuba y Estados Unidos

Ana Belén y Rolando Sarraff Trujillo, el espía que quedó en libertad tras el acuerdo entre Cuba y Estados Unidos

 

Una vez adentro, Montes hizo carrera. Recibió medallas y 10 reconocimientos especiales a su labor, entre ellos un certificado especial que le entregó el entonces director de la CIA George Tenet, en 1997. Pero sus logros no se redujeron al Pentágono. Los cubanos también premiaron a su mejor alumna con una medalla, un símbolo privado que nunca pudo llevarse a casa.

Como analista política y militar en jefe para Cuba, Montes accedió a un mundo de secretos de Estado con los que trabajó minuciosa y silenciosamente. Cuando terminaba su jornada en la DIA, comenzaba su segundo empleo en su departamento de Macomb Street, en Cleveland Park. Como no se arriesgaba a llevarse documentos a su casa, memorizaba con gran detalle lo que leía durante el día y luego reproducía informes enteros en una computadora portátil. Noche tras noche, durante 17 años, vertió documentos ultra secretos en disquetes baratos.

Según ella misma contó en su declaración frente a los investigadores que la detuvieron, los cubanos le enseñaron incluso a fingir ante el detector de mentiras. Gracias a ese truco –que consistía en contraer estratégicamente los esfínteres-, Montes pasó el detector de mentiras de la DIA en 1994, cuando ya llevaba 10 años espiando en el Pentágono.

En 2002 fue arrestada. La Reina de Cuba reconoció su culpa y con esto cambió una segura condena a muerte por alta traición por una condena de 25 años de prisión por espionaje.

Altos funcionarios estadounidenses dijeron a los medios que Ana Belén Montes nunca estuvo en la lista de prisioneros que Cuba solicitó en las negociaciones con Estados Unidos y que se sellaron el 17 de diciembre del 2014 con el intercambio en el que recuperó su libertad Alan Gross y cuatro supuestos espías más. En esa lista sí estaba Rolando Sarraff Trujillo.

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