ale mc loghlinPor Alejandro Mac Laughlin

Repasemos juntos la historia de Enzo Francéscoli: el ídolo del fútbol uruguayo jugó cuatro ediciones con la selección de su país, de las que ganó tres y en la otra fue subcampeón del local Brasil, un porcentaje de efectividad inigualable en los tiempos modernos. Además, en dos de ellas fue elegido como el mejor jugador del certamen y en 1995 integró el seleccionado del continente, además de ser considerado uno de los 50 mejores jugadores de la historia. Como bonus track, sus anécdotas con Zidane, de quien fuera ídolo. Con ustedes, el Enzo, el príncipe, diría un relator.
Nacido el 12 de noviembre de 1961 en Montevideo, Enzo Francescoli empezó a jugar en Wanderers y en poco más de dos años fue transferido a River, del otro lado del charco, donde sería ídolo. En 1983 empezó su romance con la Copa América: con apenas 22 años, con un nivel todavía discreto en River, convocado por lo que había insinuado en Wanderers, Francéscoli fue el mejor jugador del certamen y se dio el gusto de anotar en el partido de ida de la final, frente Brasil, en el Estadio Centenario.
De vuelta en River, todo empezaría a cambiar: fue goleador en 1984 con 24 tantos (un doblete en el clásico ante Boca incluido) y la temporada siguiente sería la consagratoria. Goles de todos los colores para volver a ser el máximo artillero y esta vez dar su primera y única vuelta olímpica en su primera etapa en el club. Se fue a jugar el Mundial de 1986 y luego seguiría su carrera en Francia.

Su recuerdo de México

“Nosotros llegamos como pudimos a octavos de final, pero creo que le podíamos dar batalla a cualquiera. El tema es que Maradona estaba insoportable y no lo podías parar con nada”.

Pero Enzo iba a tener una revancha nada menor en la Copa América de 1987 disputada en Argentina. Cara a cara con Diego, que después del mundial era por escándalo el mejor del mundo, le haría sentir su karma con el título continental. En un partido histórico por la concurrencia en el Monumental (cerca de 90 mil personas), los uruguayos ganaron 1 a 0 con gol de Alzamendi, ex compañero de Enzo en River, y repetirían en la final ante Chile, que llegaba con el Cóndor Rojas casi imbatible en el arco. En el 89 sería derrota en el encuentro decisivo ante Brasil y el Mundial Italia 90 no traería grandes noticias para el protagonista del día.
Luego de ser campeón con el Olympique de Marsella y jugar en Italia, llegó 1994, año clave para Francéscoli: “como el Torino se declaró en quiebra, terminé con el pase en mi poder y decidí volver. Hice una preparación física increíble con un japonés y como necesitaba hacer un poco de fútbol hasta que River volviera a entrenar, armaba picados con otros japoneses que entrenaba mi profe. El único que no entendía el idioma era yo”. De movida, campeón y goleador de la liga argentina, con un triunfazo 3 a 0 en la Bombonera. Pero volver no solamente significaba volver a River, también era volver a la selección uruguaya, con la que no disputó ningún partido en ese 94. Pero claro, en el 95 la Copa América se disputaba en la casa de Enzo y no se la quería perder: anotó dos goles, la Celeste se volvió a coronar y fue, como en el 83, elegido el mejor jugador en su despedida del certamen.

Uruguay campeon de America. La tercera copa del Enzo.


Pero faltaba el capítulo más glorioso con River: en el 96, como figura excluyente de un equipo que tenía jugadores de la talla de Ortega y Crespo y era dirigido por Ramón Díaz, el hoy DT de Paraguay, Enzo se daría el gusto de ganar la Copa Libertadores, su trofeo más preciado, y como capitán. Le quedó la espina de la Intercontinental, que perdió con la poderosa Juventus de Zinedine Zidane en Japón. Zizou, precisamente, el ídolo francés, tenía como ídolo al uruguayo y le puso Enzo a uno de sus hijos a modo de homenaje. Así recuerda la situación el hoy Secretario Deportivo de River:

“Me enteré de su idolatría por mí en la previa de la final en Tokio. Cuando entramos a la cancha yo lo veía que me miraba, se reía. Si yo soy tímido, al lado de él soy Jacobo Winograd (mediático argentino). No se animaba a pedirme la camiseta, después me enteré que dormía con la mía de River. Con el tiempo nos conocimos y hasta jugamos algunos amistosos juntos. Me contó que cuando yo estaba en el Marsella y me quedaba practicando tiros libres, él, que era un chico, me veía del costadito. Lo loco es que mi hijo lo tiene de ídolo a él, y una vez que nos juntamos le preguntó cómo hacía para pegarle tan bien a la pelota. Zidane le contestó que me preguntara a mí, porque había aprendido mirándome…”.

A la vuelta del país oriental, no paró de ganar con River: tricampeón a nivel local y la bendita Supercopa, único título que les faltaba a los de la banda roja. Luego de dos vueltas olímpicas en una semana, Enzo se despidió del fútbol y finalmente tuvo su partido despedida el 1 de agosto de 1999 en el Monumental, en un amistoso entre River y Peñarol, sus dos amores, en el que se dio el gusto de jugar son sus hijos.

Algunos de sus mejores goles y jugadas

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