Por Verónica Lamberti

“Serás lo que debas ser o no serás nada”.

Para algunos, un acontecimiento. Para otros, una ocasión más para desinformar. “Se hunde el velero de La Cámpora”, titularon algunos medios, a los pocos días de que, después de un fuerte temporal, se perdiera el rastro de La Sanmartiniana. «El Consejo de Administración de FIPCA confirma la aparición del velero, que actualmente se encuentra en las Islas Malvinas”: así anunció el hallazgo de su embarcación la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua. La primicia fue de Penguin News, un medio isleño. Más tarde, lo confirmó Cancillería;  La Sanmartiniana, como si se hiciera consciente de su paso, había llegado a las Islas Malvinas.

Desde hace más de  tres años, el barco, recorre las aguas argentinas para concientizar sobre soberanía. Luego de tener presencia en el Río de la Plata, desde FIPCA, crearon la escuela náutica “Vientos del Sur” -donde capacitan a los interesados-, y avanzaron con diversas campañas. La última se llamó: “Militando nuestro espacio marítimo”.

La primera etapa, que comenzó en marzo de 2014, partió de Posadas hacia Buenos Aires, atracando en 22 localidades intermedias. En cada una de ellas se hicieron navegaciones con los sectores populares -uno de los objetivos es popularizar el ambiente náutico que siempre fue muy elitista-, y se los invitó a conocer más de su patrimonio. El segundo tramo, denominado “Campaña al Atlántico Sur”, unió Buenos Aires y Ushuaia, parando en 17 ciudades y pasando por la Isla de los Estados, a 346 kilómetros de las Malvinas, donde se halla Puerto Parry, un apostadero naval de la Armada Argentina.

El 6 de septiembre, luego de más de un año de comenzada la travesía, y bajo el lema “La patria es el otro, la soberanía somos todos”, se inició la vuelta de Ushuaia a Buenos Aires. No era la primera vez que con La Sanmartiniana recorrían el océano. El velero zarpó con rumbo al estrecho de Le Maire para arribar a las Isla de los Estados, y continuar hacia el faro del fin del mundo en la Bahía de San Juan de Salvamento. De ahí estaba previsto que se dirigieran a Buenos Aires, haciendo puerto en distintas ciudades costeras, pero el viaje no pudo llegar a su fin.

Los tripulantes eran diez. Nueve varones y una mujer. Entre ellos, un experto en navegación electrónica, otro en navegación por cartas, un especialista en electrónica y motores, una docente instructora en náutica y un excombatiente de Malvinas.

El 15 de septiembre, partieron de Puerto Parry, con un fuerte temporal y, al otro día, con vientos del oeste a más de 40 nudos, La Sanmartiniana, declaró el estado de emergencia y fue asistida por el pesquero San Arawa II. Amarraron el velero, y los tripulantes -que lucharon intensamente contra las olas de ocho metros-, hicieron el trasbordo por medio de una balsa. El rescate de la tripulación fue exitoso. “Siendo entre las dos a tres de la mañana del día 17, envueltos en la tempestad intentaron regresar remolcados en dirección a Ushuaia, hacia una zona protegida. La violencia que desató el temporal, provocó que el cabo de remolque no resista quedando La Sanmartiniana a la deriva”, contaron desde el Facebook oficial “FIPCA la travesía”.
Desde ahí no se supo nada más del velero y, convencidos de que los sueños no se hunden, dieron comienzo a la intensa, y paciente, búsqueda. En todo momento, la fundación destacó la actitud del equipo: “Si la patria es el otro, los tripulantes de La Sanmartiniana lo demostraron con su conducta. Esto es un gran orgullo para la organización, constituye una enseñanza fundamental y abre un campo de posibilidades para desarrollar cada vez mejor nuestras tareas, en las que no hemos de cejar”.

Fue a partir de ese día que medios malintencionados dijeron que el barco pertenecía a La Cámpora y se había hundido. A través de un comunicado, lamentando tener que repetirlo, la fundación lo desmintió y dejó en claro que con el fin de generar cultura fluvial y marítima, se invita a jóvenes de distintos extractos sociales y políticos, a participar de las actividades “con la firme convicción de que serán las nuevas generaciones las que dejarán de vivir espaldas al mar”. Por su parte, desde La Cámpora negaron la propiedad del buque y afirmaron: “Esta nueva infamia de Clarín llegó a niveles insólitos de lo cual entendemos que se ha transformado en saña. Una política editorial destinada a dañar en forma consecutiva a nuestra organización política.»

Los militantes de esa agrupación participaron, como muchos otros, de la travesía. El presidente de FIPCA, destacó la implicación de los “jóvenes que acusaban de jugar solo a la Play Station, y hoy conducen nuestro país y tienen el valor de navegar estas aguas enarbolando nuestra bandera”, y afirmó que ese espíritu se plasmó en la nave. De la misma manera, definió: “La Sanmartiniana marcó un rumbo, ya está en la historia y abrió el camino para que nuestro pueblo asuma este territorio marítimo como propio.”

El buque escuela, que pertenece a la fundación que preside el Teniente de Fragata, Julio César Urien, es el símbolo de un proyecto que busca crear conciencia marítima y fluvial, con el fin de promover la integración regional y la defensa de la soberanía y los recursos marinos. Es a la vez una escuela de navegación popular y un espacio de participación que abre las puertas al debate. Desde esta perspectiva, FIPCA, destaca el carácter estratégico de las aguas argentinas como vía de comunicación y el desarrollo de las producciones costeras.

“Queremos que los equipos que viajan sean integrales, que puedan aprender de navegación, de historia, y que conozcan lo que es suyo. Participan científicos que van explicando toda la riqueza marina  – existen acuerdos con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA de donde salen los Oceanógrafos, con organismos de hidrografía naval y con el Conicet -, ingenieros navales y los jóvenes que en el día de mañana serán dirigencia”, explicó el presidente de la fundación.  

Uno de los objetivos es impulsar la presencia activa en los “espacios vacíos”, que son observados, cada vez más, por las grandes potencias, pero pertenecen a la plataforma continental argentina.“Para defenderlos es necesario amarlos, para amarlos, conocerlos”, afirma Urien.
Hasta hace cuatro días nadie sabía cuál era el destino de La Sanmartiniana, llamada así en honor al General San Martín. Casi un mes después de la pérdida, el 8 de octubre, Penguin News, informó que: “el velero no estaba hundido como se creía”, y que había sido encontrado a la deriva en las islas que ellos llaman Falklands. Era cierto, pareciera que las islas atrajeron al velero a su tierra añorada. La Sanmartiniana, llegó a las Malvinas. “…y lo demás no importa nada”. El velero, que hizo patria, hoy está en Puerto Argentino.

El 17 de noviembre de 1972, con tan solo 23 años y convencido de que las Fuerzas Armadas tenían que estar al servicio del pueblo, el entonces Oficial de Infantería Marina, Julio César Urien, encabezó una sublevación en la ESMA. Junto con un grupo de compañeros marinos decidió levantarse contra la orden que habían recibido: organizarse en grupos de tareas para implementar un plan sistemático de eliminación, basado en secuestros y torturas.

El día elegido fue el mismo en que Juan Domingo Perón, luego de años de exilio, volvió al país. Estando, en ese momento, bajo la dictadura de Lanusse, Urien, fue encarcelado y dado de baja de la marina. Recuperó su libertad con la amnistía dictada en 1973 por Héctor Cámpora, y volvió a ser detenido durante la última dictadura militar, hasta 1983.

El 17 de noviembre de 2005, como celebración del Día del Militante, y aniversario de la sublevación, Néstor Kirchner, le restituyó el grado de Teniente de Fragata y le rindió honores. En ese mismo año, asumió como presidente de Astilleros Río Santiago, donde tuvo el honor de restaurar la fragata Libertad, y luego creó la Fundación Interactiva para Promover la Cultura del Agua, organización que actualmente preside, convencido de la necesidad de ejercer la soberanía marítima, promoviendo la integración, la educación y la defensa de nuestras aguas.

Julio César Urien

Marino