Eduardo Samper, Secretario General de la UNASUR

Eduardo Samper, Secretario General de la UNASUR

El secretario general de la UNASUR, Ernesto Samper, le pidió a Estados Unidos que retire sus bases militares de la región. Lo hizo de cara a la Cumbre de las Américas que está convocada para el 10 y 11 de abril en Panamá. ¿Cómo funcionan las bases en la región? ¿Cuántas hay? ¿Qué buscan?

 

 

Por Andrés Flores – @andyfls

La relación militar de Estados Unidos con Latinoamérica se remonta a más de cien años, muchos gobiernos, revoluciones, golpes de estado y desestabilizaciones. Solo basta pensar en la base naval de la Bahía de Guantánamo en funcionamiento desde principio del siglo XX. Una base que pese a las promesas de Washington y las reiteradas denuncias por violaciones a los derechos humanos sigue estando activa.

Hoy existen bases de muchos tipos, no solo navales. Están las bases logísticas, que son estratégicas para permitir el despliegue rápido ante un conflicto. También las base radar, relacionadas con la investigación y la inteligencia. Por todas transitan, además de militares, la DEA, el FBI y la CIA según las tareas que se lleven a cabo. “Si hablamos de bases reconocidas por el Departamento de Estado y el de Defensa de los Estados Unidos podemos mencionar solo unas pocas” afirma Nicolás Comini, quien dirige la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador. La última gran base norteamericana en sudamerica se ubicaba en Manta, Ecuador. Fue el presidente Rafael Correa quien decidió su cierre, cumpliendo así una promesa de campaña.

Si se habla de bases militares estadounidenses en la región los datos fiables son pocos y se filtran a cuentagotas. Hay denuncias de presencia estadounidense en bases locales como la de Caquetá en Colombia, Iquitos y Santa Lucía en Perú, Bolivia, Paraguay… y la lista sigue. “La clave no está en a quién le creés, sino en poder problematizar el tema de las bases”, plantea Comini. Y ese parece ser el ángulo más rico de análisis frente al accionar norteamericano. Es que más allá de las bases formales, el grueso de las operaciones pasan por la utilización de bases nacionales, cuyas puertas son abiertas por los propios gobiernos.

Para muestra está Colombia

En 2009 Álvaro Uribe pactó con el Pentágono la utilización de siete bases nacionales aéreas, navales y terrestres. Una de ellas, la de Palanquero, cerca de Venezuela. En el mismo año se llamó a una reunión extraordinaria de la Cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la ciudad argentina de Bariloche. En la cumbre, Uribe defendió el acuerdo con Estados Unidos al que llamó “acuerdo de integración y cooperación”. Las medidas que se conversaron para la región partieron de la amenaza que significaban esas bases en territorio colombiano. Y es que a pesar de que era estrictamente cierto que esas eran bases nacionales colombianas operadas por Estados Unidos y no directamente una base extranjera, el acuerdo fue percibido como una amenaza por todos los países de la región. En esa cumbre se establecieron medidas de confianza mutua, que firmaron los doce países. Finalmente es el nuevo presidente y ex ministro de defensa Juan Manuel Santos quien decide dar marcha atrás con el proyecto, luego de un fallo del Tribunal Constitucional colombiano.

Las bases ya no son como en las películas

Base de Guantánamo.

Base de Guantánamo.

Las bases son solo una herramienta de una estructura mucho más grande de despliegue. “Son bases pequeñas, con poco personal, y pueden funcionar en algún aeropuerto” afirma Telma Luzzani, periodista y autora del libro Territorios vigilados. Cómo opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamérica.

“Las bases grandes con hangares, polígonos de tiro y laboratorios existen, pero no son la mayoría. En general para disimular su existencia se toman sectores en aeropuertos o puertos que el país anfitrión facilita”, detalla Luzzani. Esos sectores son en algunos casos alquilados y en otros cedidos, pero la regla común es que el país anfitrión no tiene permiso de acceso sin autorización norteamericana. Actualmente Estados Unidos no tiene necesidad de establecer una base fija, grande y a la vieja usanza teniendo en su arsenal adelantos tecnológicos como los drones.

La figura que comenzó a mostrarse con mayor fuerza a partir de los años 80, cuenta Comini, fue la de los contratistas. Ingenieros o ex militares norteamericanos que bajo la figura del ámbito privado desempeñan tareas de seguridad con línea directa con el Pentágono.“El problema es quién controla esos despliegues o tareas de seguridad, que hoy ya no son solamente militares. Porque en el caso militar incluso hay normativa internacional”, continúa Comini.

Estas bases se llaman en inglés Forward Operating Location (FOL). Son sitios de operaciones de avanzada que permiten, en caso de requerirse por los Estados Unidos, desplegar aviones de guerra sobre las pistas del aeropuerto, como era el caso del Eloy Alfaro en Manta. En ese caso el motivo, excusa o pretexto era la lucha contra el terrorismo. “En la región no hay ningún conflicto, no hay guerra ni hay armas nucleares. ¿Por qué van a poner bases militares? Salvo que se utilice como justificativo a las catástrofes, los huracanes, el narcotráfico, las ayudas humanitarias o el dengue”, explica Luzzani.

Argentina

Argentina es uno de lo últimos bastiones en la región que mantienen una división entre Defensa Nacional y Seguridad Interior. Producto de nuestra propia historia las fuerzas armadas no pueden volver a meterse en la seguridad interior, lo cual implica desde temas relacionados al narcotráfico hasta tareas policiales. Comini afirma que principalmente es el narcotráfico al que se utiliza como argumento para romper esta división: “Los países centrales le sugieren a Argentina que use las fuerzas armadas para combatir al narcotráfico y asistir en los desastres naturales. Esto abre las puertas a que las fuerzas empiecen a hacer tareas más ligadas a lo ciudadano”.

Dentro de la UNASUR funciona el Consejo de Defensa Sudamericano. “Las declaraciones de Samper son importantes porque están volviendo a poner en agenda la cuestión de las bases militares de Estados Unidos en Latinoamérica. No quiere decir que se van a cerrar pasado mañana, pero se lo pone en agenda, así como se pone en la agenda el fin del embargo comercial a Cuba o el cierre de Guantánamo”, plantea Luzzani.

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