Por Diego González – @diegon2001

Discursos xenófobos, exabruptos poco elegantes, insultos, tweets que reflexionan fuera del recipiente. Excéntrico, multimillonario, excesivo. Desbordado. Así encara Donald Trump su carrera rumbo  a las presidenciales del 8 de noviembre de 2016 en Estados Unidos. Para llegar con alguna chance, primero tiene que vencer en la interna republicana. Por ahora es tan solo uno de los 15 candidatos. Sin embargo, las encuestas  insisten en ubicarlo en el primer lugar y lo que todos juzgaron como marginal, lentamente, se va convirtiendo en el centro del debate en la derecha norteamericana.

La tendencia en las encuestas se mantiene. Según un estudio de la CNN publicado el domingo, el magnate obtendría un 18% de preferencia frente al 15% del exgobernador de Florida, Jeb Bush, y el 10% del gobernador de Wisconsin y favorito del “Tea Party”, Scott Walker. A su vez, un sondeo difundido el viernes por la consultora internacional YouGov le da a Trump un 28% de las preferencias para las primarias. Bush aparece segundo, muy lejos, con 14 por ciento. Scott Walker tercero con 13. La semana pasada según The Washington Post y la cadena ABC, Trump era el favorito del 24% de los votantes republicanos o votantes independientes que se inclinan hacia ese partido.

Varias son las conclusiones de estos números. Lejos están de definir la interna, todavía falta mucho y todo puede moverse. Sin embargo, lo que en un principio sonaba como violencia desorientada, se está transformando en el centro de la escena republicana.  De una candidatura bizarra y marginal, Trump logró eclipsar a los otros sectores que ahora tienen que orbitar a su alrededor.

El hecho que se desprende de estos números es que el próximo 6 de agosto será el debate en la cadena Fox. Un debate en el que solo caben 10 de los 15 candidatos. El que no esté ahí puede decirle chau a la campaña. Hace unas semanas, cuando Trump lanzó su candidatura con agresiones explícitas a los mexicanos migrantes, su participación en el debate parecía improbable.  Hoy, su ausencia sería impensable.

Los insultos de Trump arrancaron con el lanzamiento de su candidatura, el 15 de junio. Pocos días después eligió su primer adversario: los latinos. Como sutil metáfora, englobó a toda la región bajo el rótulo de “mexicanos”: “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas. Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Se están burlando de nosotros, de nuestra estupidez. Y ahora nos están venciendo económicamente. Ellos no son nuestros amigos, créanme”.

No le alcanzó y siguió. A las semanas, en su jet privado, viajó a la frontera  y pidió agigantar el muro que divide México de los Estados Unidos. Las declaraciones xenófobas lo pusieron en el centro del debate, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. Demócratas e incluso republicanos le salieron al cruce. Entre ellos el senador cubano-estadounidense Marco Rubio y el ex gobernador de Florida y hermano de George, Jeb Bush, quien habla un buen español y está casado con una mexicana.

“México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores.  Asumo que hay algunos que son buenos”

 

Donald Trump

Trump contraatacó: “A Jeb bush le deben gustar los mexicanos ilegales a causa de su esposa”, disparó y borró 24 horas después en la red social Twitter.

La fortuna de Trump lo convierte en uno de los candidatos fuertes. A su lado marcha Bush, quien batió el record de dinero recaudado a año y medio de las elecciones con 114 millones de dólares.

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Luego golpeó al ex candidato y veterano de Guerra John McCain. Lo acusó de flojito: “(McCain) no es un héroe de guerra. Es un héroe de guerra porque fue capturado (durante la guerra de Vietnam). Yo prefiero la gente que no haya sido capturada”, dijo Trump durante un acto en Iowa.

Pero a pesar de su estrategia de la polémica, las bases republicanas lo siguen respaldando. La pregunta gira ahora en torno a su techo. Su radicalidad puede enamorar, pero también todo lo contrario. En el último sondeo de la consultora YouGov, posterior a sus críticas a McCain, su aprobación cayó al 53%, y su rechazo trepó al 42 por ciento. A su vez, tres de sus competidores generan mucho más consenso que el millonario. Marco Rubio tiene un 63% de imagen positiva, contra sólo 17% de negativa. Walker suma 57 y 18%, respectivamente; y Bush, 55 y 34 por ciento.

El debate, por ahora, se da solo dentro del partido Republicano. Otra gran pregunta, de la que Trump no sale bien parado, es cuál sería su caudal de votos para competir en las generales de 2016. Si su consenso es escaso por dentro de la derecha norteamericana, más  pequeño será seguramente a nivel nacional.

 

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