Cuando algo es bueno, lo mejor es siempre, compartirlo. En esta época de calor y juntarse con amigos y familiares la música siempre está presente. Colombia es uno de los países que más mejor música han logrado producir en este año que se nos va y nos cruzamos con este gran compilado de música cafetera que hicieron los amigos de Noisey y quisimos compartirlo con ustedes. Que lo disfruten!

15. Compadres Recerdos – Superputa (Independiente) 

Una fina y sutil mezcla de ese ritmo que te invita a ir “hasta abajo” en clave metal y hardcore: ése es el estilo bastardo de los originales Compadres Recerdos. Después de una larga siesta, el trío de reggaetón extremo regresó con Superputa, un álbum de dembow radical, más tirando hacia el death metal caribeño, que viene en una elegante cajita de cartón e incluye un juego de cartas políticamente incorrecto y similar al clásico Super Triumph, en el que varias putas imaginarias  compiten por la coronación como reina de la alegría. Las 22 canciones de Superputa están caracterizadas por sus letras burdas y por sus breaks pesados y sandungueros, que a veces son thrash metal con merengue o salsa choque hardcore. En cuanto a la pieza, está hecha con mucho cariño por tres maestros de la caricatura que en una legítima e incorrecta pieza de colección, burlan, celebran y condenan la absoluta y cochina decadencia a la que hemos llegado como civilización. Incluye versiones recerdas de clásicos como “Rain in Blood” de Slayer y “Culo” de Pitbull. ¡Cerdos!

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14. Sonoras Mil – Sonoras Mil (Independiente) 

A principios de este año llegó a nuestra redacción el disco debut de Sonoras Mil, un proyecto montado por Felipe Gómez, ex integrante de Moodpecker –después La Fenachi (i)– , una banda de funk espacial reconocida en la escena bogotana hace más de siete años. Después de una larga temporada en Estados Unidos, Felipe regresó al país y se internó en Minca, en plena falda de la Sierra Nevada, a producir las canciones que tenía guardadas junto a Christian Castagno (el hombre detrás del clásico “Te quiero mucho” de Naty Botero y actual productor adicional de Systema Solar), dando con un disco popero que es toda una joyita. En doce inspiradas canciones que hablan del amor, la locura y la soledad, el álbum te pasea por la cumbia psicodélica, el reggae dub, el rock noventerito, el funk tipo Amigos Invisibles, la onda Manú Chao y hasta la salsa, con un cover de “La Murga de Panamá”. Se da incluso varias licencias en lo experimental, convirtiéndolo en uno de los trabajos más frescos de la escena, sorteando con carácter esa difícil frontera entre eso que llaman lo “alternativo” y lo “comercial”. Una selección de canciones ideal para corear y que cae perfecto si te vas a echar un road trip estas vacaciones.

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13. Bomba Estéreo – Amanecer (Sony Music) 

El último disco de Bomba Estéreo, y el primero en su carrera con una major, no arrancó siendo nuestro favorito. Quizás por sus evidentes pretensiones de instalarse en las listas de Billboard, en el Top 1 de iTunes y en premios como los Grammy (como en efecto lo logró). Y sin embargo fue rodando… y sin embargo las canciones se fueron instalando por ahí en el subconsciente, como suelen hacerlo. En Amanecer se destaca la síntesis que hicieron los Bomba con el productor gringo Ricky Reed entre lenguajes protagonistas del pop contemporáneo, como el EDM, el bass y hasta el dembow (que este año gracias a Major Lazer y a Bieber ya alcanzó la estratósfiera), y cierta interpretación de una tropicalia que quizás no responda tanto a la costa caribe de esta tierra sino a una playa de catálogo turístico. Es un Bomba 2.0, una banda que pasa a otro nivel aplicando la misma y exacta fórmula que no solo los ha caracterizado, sino que los ha puesto donde están. Como siempre, están las canciones bombásticas de fiesta (“Fiesta”, “Caderas”), y en ese sentido el trabajo cumple a cabalidad, porque la fiesta estalla como carnaval en HD. Pero es sobre todo en sus cortes introspectivos y nostálgicos, en sus himnos de vida y de amor, como “To my love”, “Mar (lo que siento)” y “Raíz”, que el grupo de Liliana y Simón alcanza su cima en composición y, de paso, la saca del estadio.

  1. Los Pirañas – La diversión que hacía falta en mi país(Discos AMA)

Es dificil establecer una diferencia entre la seriedad con la que deberíamos hablar de Los Pirañas y la diversión que significa cada una de sus extravagancias musicales. Esta trinidad, conformada por Eblis Álvarez (Meridian Brothers, Chúpame el Dedo), Mario Galeano (Frente Cumbiero, Ondatrópica) y Pedro Ojeda (Romperayo, Chúpame el Dedo), sintetiza con particular precisión el momento histórico en el que se encuentran las vanguardias colombianas. Los Pirañas, en este caso, son un accidente evolutivo, una de las figuras más extrañas y amorfas frente a las cuales estaremos y aún así, su música resulta fácilmente asequible. De norte a sur y desde ambos lados del charco, los hemos bailado, nos hemos reído con ellos y los hemos gozado, porque son muy nuestros, son de todos, y condensan en su sonido una larga trayectoria colectiva de respuesta, reacción y desarrollo musical. En 2015 sacaron su segundo álbum La diversión que hacía falta en mi país, la continuación de la experimentación propuesta en su debut Toma tu jabón K-Pax, una mezcla caníbal y profana entre la música de su contexto más inmediato y los géneros más fríos: motorik, música concreta y sonidos deconstruidos se acompañan de cumbia, champeta, mapalé y psicodelia latinoamericana en una reinterpretación sesuda, sabrosa y apretada de los significantes de la tropicalia. Puntos adicionales por su interpretación de “A 18 minutos del sol” de Spinetta.

11. Métricas Frías – Serenata sin Mariachis (Moebiuz)

Métricas Frías es Sanix, la mitad de Doble Porción, aquel dúo de Envigado que junto a Gordo Sarkasmus y No Rules Clan, conforman el parche de Moebiuz, un sello de amigos que de a poco se ha ido convirtiendo en la cara más visible de la nueva sangre del hip hop parido en Medellín, donde las líricas innovadoras y la exploración asidua por nuevos beats componen una fórmula infalible que ha ido ganando aceptación a lo largo del país. Serenata sin mariachis, su debut,  podría considerarse música joven, rebelde y rabiosa, si se le preguntara a cualquier adulto canoso en la calle. Para nosotros, representa un grito de protesta parido en medio de las montañas del Valle de Aburrá. Rimas densas pero acertadas, dueñas de una introspección acumulada que dio con el momento y los beats justos para ser liberada. Un álbum que congrega productores como Doble Z y Granuja, quienes en conjunto forman Gordo Sarkasmus, además del norteamericano Glad2Mecha y Eddie Beats. Doce temas que se han ganado un lugar en nuestra lista por ser una elegante apología al desahogo, en el que los beats conforman una especie de sesión terapéutica, en la que Métricas nos sumerge con majaderías sutiles, llenas de amoríos rotos, de borracheras, de querer rapear, pero con las que cualquier paciente se puede identificar. Hay serenata en la montaña.

  1. Estrellas del Caribe – Champeta criolla de San Basilio de Palenque (Changó Records)

Por primera vez, después de 40 años de música, los pioneros de la champeta criolla grabaron su primer LP. Estrellas del Caribe es una agrupación que ha estado escondida en San Basilio de Palenque y que ahora, gracias a la iniciativa de Franklin “Lamparita” Tejedor (Mitú), hijo de uno de los originales, al fin puede tener su propio capítulo en la historia discográfica de la música hecha en Colombia. Este es un álbum de champeta roots, hecho con tambores, maracas, armónicas y una guitarra caribeña. Dos personajotes, veteranos, que cantan en español y palenquero, dan el toque final a esta psicodelia artesanal, hecha a mano por un grupo de campesinos rumberos que están tocando y bebiendo ñeque desde 1975. El proceso de grabación de las ocho canciones, que combinan mapalé, calipso, bullerengue, afro beat y otros elíxires afroglobales, se hizo en Chango Records y duró trece días, pero su lanzamiento tardó dos años, incluso unas semanas antes de la presentación oficial murió uno de sus miembros. El resultado es un álbum venenoso y condenadamente sabroso a cargo de nadie menos que los Rolling Stones de Palenque. ¡Leyendas!

9. Mr. Bleat – Los Lobos (Música Corriente)

Después de una larga temporada de hibernación, la banda paisa de electropop regresó este año con un golpe directo al tuétano que hace ver sus anteriores trabajos como lo que son: juvenilia. Se trata de Los Lobos, un disco bipolar que desde su track introductorio, “Magia Negra”, da cuenta de su palpitar fantasmagórico, pero que a medida que avanza por paisajes synth wave y nu-disco (“Caminando en hielo fino” saca 5/5) permite la luz y hasta el arcoiris. Es, como quien dice, un disco gótico optimista. En este, un trabajo firmado por el colectivo de Medallo Música Corriente y producido 100% por el trío, destaca la dramática producción de sintes, a cargo de Alejandro Bernal y Pablo Ángel, y la lírica trágica de Sara Rodas Correa, de fama Goli, tirando sentencias tipo: “…y los lobos con flores vendrán por ti” (“Los lobos”) o “puedo ver un incendio en el sol” (“Obsesión”). En todo caso como 45 veces mejor que el de cualquiera de las banditas australianas que traen cada semana a Colombia.

8. Meridian Brothers – Los Suicidas (Soundway)


Las ideas musicales que desarrolla Eblis Álvarez suelen ser un taladro que cava profundo sobre temas sorprendentes y atípicos. Esto le ha ganado un lugar honorable como músico, como distorsionista y como botánico musical. El 2015 fue un año prolífico para Meridian Brothers, estuvieron incansablemente activos, tocando por varios rincones del mundo y esparciendo la palabra de un testamento colombiano edificante y reivindicador, en un momento particularmente fenomenal que culmina con el lanzamiento de Los Suicidas, la primera parte de un estudio que se presentará en tres volúmenes. En esta entrega, el científico de los sonidos imposibles disecciona y deconstruye la “música de ambiente”, en una inmersión hacia el sonido de los órganos Hammond y las composiciones de los organistas de los años 60 y 70 en Latinoamérica, reinterpretando la tradición de la exótica y el easy listening desde un punto de vista atemporal y alejado del formato canción. Los Suicidas resulta un viaje futurista hacia el pasado, hacia el puro space age latinoamericano, un holograma digno de aparecer en los almanaques de la música más increíblemente rara de la historia.

7. Dub de Gaita – Dub de Gaita Vol. II III (Zam Zam Sound / Llorona Records) 

El segundo y tercer golpe del proyecto que reunió a los tradicionales Gaiteros de San Jacinto con el productor de dub inglés Adrian Sherwood y la cabeza de la local Llorona Records, Diego Gómez, viene en vinilo doble y trae 16 cortes de una cumbia histórica cuyo carácter misterioso se ahonda en el estudio gracias a la mano maestra del jefe del On-U Sound, que le dio a la mezcla final de rumores sabaneros ecos fantasmales, lamentos sostenidos y larguísimas y lánguidas sombras. Dub de Gaita, tal cual, para almas contemplativas, bailes introvertidos y existencialismos tropicales, en un disco oscuro que, en canciones que son testimonios, como “Fuego de Cumbia”, pone en evidencia el linaje místico y la historia dolorosa tras la cumbia profunda de Colombia: “un fuego de sangre pura que con lamentos se canta”.

6. Crudo Means Raw – El Pasaje (Independiente)

Cuando se habla de un álbum de instrumentales dentro del hip hop contemporáneo, seguramente muchos se remitirán al Donuts de Dilla, algún Special Herbs de Metal Fingers o cualquier Beat Konducta maniobrado por Madlib. Nosotros, sin titubeo alguno, nos la jugamos por El Pasaje de Crudo Means Raw. Nacido en Nueva York pero criado en la ciudad de la eterna primavera, Fernando Bustamante, con apenas dos años figurando en la canchas del hip hop paisa, pero con más de siete dedicado a la producción desde las penumbras del underground, ha logrado trazarse un camino hasta convertirse en uno de los más respetados hacedores de beats del continente. Y no es por exagerar, leyendas vivientes del género como Kase.O lo han buscado para que contribuya con sus pistas a su filosofía y letras, incluyendo su álbum venidero. El Pasaje es una oda al sampleo impecable, en el que se atan desde Clutchy Hopkins hasta Fernando Vallejo al relato de un beatmaker que en 34 cortes nos pasea por terrenos sosegados, otros un poco más agrestes, logrando transmitir con sonidos un destino que solo quien escucha podrá decidir cuál es su paradero. Un álbum superlativo que suena a diversidad, a Medellín, con transiciones que te transportan por las calles bohemias y turbias de una ciudad que paulatinamente se ha ido convirtiendo en el nuevo epicentro del hip hop colombiano.

  1. Rionegro – Rionegro(Cómeme)

Encerrados en una cabaña de Rionegro, en medio de máquinas y guaros, los paisas Gregorio “Gladkazuka” Gómez (de fama Panorama) y Sebastián “Sano” Hoyos, se unieron al power del performer chileno Matias Aguayo para entregarse, juntos, a un frenesí creativo que desembocó en obra, banda y sonido original. Era cuestión de tiempo para que eldancefloor más housero se pusiera al día como era con el sabor suramericano. Estaba en deuda desde hace rato. En todo caso el primer álbum de este trío se puede definir como sci-fi amazónico, rumba’n’bass cósmico y house selvático. Compuesto por diez cortes que forman un tsunami psicodélico con yacimiento en las cordilleras del sur, pero coordinado por los ingenieros del sello transnacional Cómeme, este trabajo busca adentrarnos en los nuevos portales de los ritmos del mañana. Uno de los temas más destacados es “Amazonas”, un tributo a “Sonido Amazonico” de los clásicos peruanos Los Mirlos, compuesto por una incesante línea de maracas progresivas, percusiones rimbombantes y un punteo infeccioso de guitarra. Este es un trabajo hecho con todo el empuje del Valle de Aburrá, un sonido duro que espera abrirse paso alrededor del mundo y que atendiendo a la misma profecía apocalíptica que le dio vida, ya comenzó a hacer a la tierra temblar.

4. Kali Uchis – Por vida (Independiente)

Desde el año pasado se vaticinaba ansiosamente la llegada de una nueva diva pop latinoamericana, una que llegara de la izquierda y desde abajo, que estuviera en contacto con las ambiciones más millenial sin caer en el acartonamiento de Lana del Rey y que representara a un grupo de personas cansado de escuchar interpretaciones turísticas y exóticas de la música latina para blancos. Kali Uchis encarnó esa frontera, y si bien lo suyo no es propiamente pop café, ella y su historia sí lo son, y su álbum debut es perfecto para musicalizar una fracción importante del soundtrack de este año. Intenten escuchar “Know What I Want” sin moverse o repetirla, o “Loner” sin querer dedicarla. Pura vida es una chispa que reactiva las fibras del barrio desde la sensualidad de una Lolita retro y con tumbao, una fantasía agridulce construida por una comba de gigantes que van desde Kaytranada hasta Diplo, pasando por Tyler, The Creator y BADBADBADNOTGOOD, junto a la inquieta creatividad de una semi-Barbie pereirana. El resultado es explosivo, cadente y luminoso: una extravangaza dancehall, do-woop y  ghetto soul del mañana que suena perfecto acompañado de un algodón de azúcar de Dosquebradas, Risaralda.

  1. Ságan – Cada célula (Independiente)

María Mónica Gutiérrez y Felipe Ortega, de pasado Suricato y Surcos, respectivamente, son las mentes tras este proyecto de dream pop intergaláctico, un dúo arrasador nacido este año cuya música hace sentir como si nuestro cuerpo estuviera hecho de minúsculas partículas de polvo que viajan por el cosmos. Su debut, Cada Célula, es una composición de electrónica experimental, sonidos ambientales envolventes, percusiones microscópicas y voces etéreas, dulces pero androides, que aspira tanto a la introspección como a la cosmonáutica. Concentrado en el formato canción, el proyecto presenta un pop experimental, ensoñador y melodramático, que se complementa con una propuesta de live act sin interrupciones entre canciones y visuales muy a la Carl Sagan, quien por demás inspiró su nombre. Tracks como “Bidimensional”, “Piedras” y “Universal”, en sus juegos de voz, en sus tiempos rotos y profundidades siderales, suenan como a una FKA Twigs flotando por el espacio, dando cuenta de un pulidísimo trabajo de composición y producción en música fría pocas veces visto, y pocas veces tan afinado, en esta tierra de huepajé y guaro.

2. Romperayo – Romperayo (Discrepant Records)

En el ojo del huracán, al centro de una cosecha colectiva de símbolos archivados, arquetipos empolvados y raíces profundas colombianas, llegó Romperayo y su esperado álbum homónimo. Lo más obvio sería reiterar que Pedro Ojeda es el baterista de Los Pirañas y Chúpame el Dedo, que formó parte del Frente Cumbiero y que participa en algunas sesiones de Ondatrópica, así se legitima dentro del mapa de la nueva música colombiana a través de su linaje, por demás imponente. Pero la verdadera gracia de su álbum homónimo está en reconocer ese universo rebosante de referencias. Desde el soundtrack de Rodrigo D y las películas de Mayolo y Ospina, hasta la cumbia rebajada mexicana, el vallenato, la psicodelia, la música del Pacífico, del Atlántico e incluso reminiscencias africanas, hacen parte de un collage simbólico que construye un discurso hilvanado por la percusión, con peculiar curiosidad por los sampleos, los sonidos modulares y el lo-fi. La protesta y el humor carburan letras pegajosas y divertidas, ácidas y fotográficas. El álbum presenta tres momentos que responden a tres exploraciones sonoras pasadas en donde la experimentación sella una travesía desde el cosmos colombiano hasta el centro de la tierra. Genial.

1. Sidestepper – Supernatural Love (Real World Records)

Después de influenciar a toda una generación de músicos y bailadores con canciones como “Deja”, “Hoy tenemos” o “Más papaya”, el productor inglés Richard Blair, padrino del electrópico caribe, se encerró durante años en su casa-estudio de La Candelaria para zarpar en una travesía  en busca de la pulpa, una expedición en cosmonáutica que lo llevó a desentenderse de máquinas y bombos y a preguntarse, desde aquí y desde ahora, por la naturaleza misma de la música, no como producto del mercado, sino como expresión de la vida. Una expedición intensa y transversal, no siempre fácil, que lo llevó a él y a su gran familia musical, Teto, Chongo, Eka, Edgardo y hasta Andrea Echeverri, a encontrarse en el juego comunal y encender, juntos, una llama reveladora que tiene tanto de tribal y primitivo como de sound system futurista. Después de siete años de silencio, el último disco de Sidestepper es un homenaje a ese espíritu, que a través de bálsamos como “Song for the sinner”, rondas como “Come see us play” o mantras de amor supernatural  como “Celestial”, concilia y reconcilia infinitas magias o tradiciones musicales para dejar expuestos sus códigos y raíces. Desde el góspel hasta el country, pasando por el África hasta el Caribe. Desde el ritual chamánico a la canción infantil. Desde el canto primitivo alrededor de la fogata hasta el latido circular, padre del beat. En esencia, supernatural love es un himno de agradecimiento al Universo. Y así mismo es su poder.

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