Por Mariano Vázquez – @marianovazkez

El país andino-amazonico es una caja de sorpresas. Una enciclopedia de historias inesperadas e inventos peculiares que solo pueden surgir de una tierra cargada de magia. Empanadas caldosas, cebras que buscan hacer respetar las leyes de tránsito, un destilado de uva que se puede tomar frío o caliente, los viernes de soltero y la figura del anticrético para alquilar una casa son algunas de esas creaciones que vale la pena conocer.
Las calles de Bolivia nos abren a un abanico de sabores. Comer en la calle es una costumbre arraigada. Y nada más característico que las empanadas. Pero no cualquier empanada, quien campeona es la famosa “Salteña”, rellena con carne de res, pollo o cerdo, huevo duro, papa, verdura, ají, y una peculiaridad que la hace especial, es jugosa. Hecha al horno es, sin duda, el emblema de la gastronomía popular. Una comida que no falta en la media mañana del boliviano.

El aspecto curioso de este manjar callejero es que su creadora fue la escritora argentina Juana Manuela Gorriti. Su familia, adscripta al bando unitario, se fue a Bolivia con la llegada al poder de Juan Manuel de Rosas en la década de 1830. Se instalaron en Tarija. La acuciante situación económica y la afición de Juana Manuela por la gastronomía, la llevaron a crear esta comida, hoy sagrada para los bolivianos. Cocina Ecléctica, publicada en 1880, es la obra que muestra la pasión culinaria de Gorriti. El historiador Antonio Paredes Candia señala que la delicadísima situación económica de la familia hizo que que comenzara a preparar unas “empanadas caldosas”, que se hicieron tan populares en Tarija que estas fueron apodadas como “la salteña”, por el origen de su creadora. Otro dato de la vida de Juana Manuela es que luego se convirtió en la esposa del décimo primer presidente de Bolivia, Manuel Belzú.
El “Singani”, del que se desonoce el origen de su nombre, es la bebida insignia de Bolivia. “Chuflay” o “Té-con-Té”, son dos de las formas más populares para beber este destilado de la uva moscatel de Alejandría y que se elabora en los valles de los departamentos de Chuquisaca, Potosí y Tarija.

Es en la segunda mitad del siglo XIX cuando surge el nombre de Chuflay, derivado del término “short fly”. “Los técnicos ingleses de The Bolivian Railway Co. bebían gin con gin (gin con ginger ale), pero cuando no había la bebida inglesa la sustituían por singani. Los mozos del coche comedor, en su pronunciación criolla, lo convirtieron en chuflay”, cuenta el escritor Manuel Rocha Monroy. Se compone de un cuarto de singani, hielo, lima y gaseosa Ginger Ale. Para combatir los fríos altiplánicos está la vertiente caliente del Singani, que se hace con té, canela, clavo de olor, lima, azúcar. Todo a la hornalla junto con el destilado. Les aseguro que no hay frío que pueda apagar ese fuego que enciende el Té-con-té en el espíritu.

El visitante que llegue a La Paz las verá a en varias arterias de la ciudad. Son las “cebras” que intentan crear conciencia vial en una sociedad donde las leyes de tránsito gozan de poco respeto. Estos hombres y mujeres disfrazados como estos animales blanquinegros tienen una tarea titánica. Fueron implementados por la Alcaldía paceña en el 2001 y se han hecho tan populares que hasta participan de desfiles cívicos. Una aclaración: muchos creen que estos animalitos nacieron en las calles de Bogotá, capital de Colombia. Las cebras paceñas se han convertido en ícono popular y querido de la hoyada aunque a la educación vial le falte aún una legión de cebras para imponerse.

“La semana es larga / de mucho trabajo / no te tardes tanto / ay viernes de soltero”, así añora parte de la letra de “Viernes de soltero” del grupo folclórico Tupay, lo que demuestra que la cita con amigos, el último día laborable de la semana se convirtió en un encuentro tradicional de la noche en Bolivia sin mujeres, para ir de bar en bar y celebrar la amistad. Con el tiempo ha perdido el componente machista de una noche dedicada al hombre sin rendir cuentas a nadie. Es un tiempo para estar con los amigos. De hecho existe la contraparte femenina: Los jueves de comadres, pero en este caso se hace solo una vez al año, el jueves anterior al martes de carnaval y arranca desde la merienda.
La figura del “Anticrético” existe en el Código Civil de Bolivia y no tiene antecedentes en otros países. A cambio de un determinado monto de dinero que pactan el propietario de un inmueble y el futuro inquilino por el tiempo que dure el contrato de alquiler y que será devuelto al final del mismo. Dice al respecto el periodista Jorge Cuba: “Me parece que la figura del anticrético es memorable. Una plata fuerte al dueño de casa que no pagará intereses y devolverá el dinero al cabo de dos años. Este es un invento boliviano”.

Y ahora sabemos historias de salteñas, embriaguez, amistades, animales sueltos y plata fuerte Made in Bolivia.

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