walterPor Walter Rotundo – @walterrotundo

¿Hay algo en lo que Messi y Maradona sean iguales y no haya discusión? Porque desde la explosión futbolística de Lionel no hacemos más que posicionarnos de un lado o del otro. Somos el tobillo y las lágrimas del ‘90; o las patadas que nunca llegan a destino en el Camp Nou. Nos colgamos de la Copa del Mundo; o no nos dan los brazos para las Champions y los Balones de Oro. Somos los rulos y las medias bajas; o la camiseta adentro del shorcito con el 10 amarillo en la espalda. La lengua afuera; o la mirada fija y ceño fruncido. La Claudia o Antonella. Somos la Revolución. O el buen comportamiento fuera de la cancha.

Pero señores, presten mucha atención. Hay algo que pone a Diego Armando Maradona y a Lionel Messi en un mismo lugar. Les digo más, en un mismo lugar que no es merecedor de ningún privilegio. En un sitio donde ninguno de los dos eligió estar. Pero atenti, porque es un espacio tan terrenal como el nuestro. Porque al igual que vos o que yo, Pelusa y la Pulga nunca levantaron la Copa América.

Para el futbolero, la ecuación con el actual 10 de la Selección es simple: Argentina no gana el trofeo desde 1993, cuando el rosarino tenía apenas 6 años. Pero muchos se sorprenden cuando la estadística lo incluye al otro 10, al campeón del ’86, al que cortaron las piernas en el ´94. Sobre todo porque en el medio de estos dos últimos mundiales, y de la mano de Alfio Basile (¿acaso el más maradoniano de los DT?), la Argentina llegó a lo más alto del continente en las ediciones de Chile ’91 y Ecuador ’93. Peeeero…

En 1991 Diego atravesaba la sanción de 15 meses que le había impuesto la FIFA por su primer doping positivo, en Italia, el 17 de marzo de ese año, tras una victoria del Nápoli sobre Bari por 1 a 0. En 1993, el Barrilete Cósmico no estaba en su mejor momento futbolístico: se había ido a las puteadas del Sevilla y todavía hacía más ruido afuera que adentro de las canchas. Otro sería el final de ese año, con regreso a Ñuls y salvador del pueblo en el repechaje contra Australia.

¿Qué Copas América jugó entonces? En 1979, tras quedar afuera de la lista de Menotti del Mundial ’78 y antes de consagrarse en el juvenil de Japón, Maradona fue citado para la competencia continental con sede en Perú. La selección compartió grupo con Brasil y Bolivia, en partidos de ida y vuelta. Pobre fue el desempeño del entonces campeón mundial que perdió dos, empató uno y ganó otro (3-0 a Bolivia, con Diego marcando el último gol).

En su mejor momento llegó Diego Armando a su segunda Copa América en 1987. Tras la hazaña mexicana y con la localía en el certamen, el panorama no podía ser mejor. Fase de grupos con Perú (1-1 gol del 10) y Ecuador (3-0 con doblete). Pero en semifinales, Uruguay, que venía de ganar la edición anterior, hizo pesar la historia (0-1 gol de Alzamendi). Después Colombia, con Higuita y Valderrama, nos dejó sin siquiera subir al podio (1-2).

La revancha americana llegaría dos años más tarde y lo encontraría rompiéndola en el Nápoli. Dos grupos de cinco: Chile, Ecuador, Uruguay y Bolivia compartían el de Argentina. Se clasificó primero, sin goles de Pelusa (sólo dos, y de Claudio Paul Caniggia). Pero en la segunda fase un doble 0-2, primero contra Uruguay y días después ante el local Brasil, le quitaron al mejor jugador de todos los tiempos la última chance de ganar la Copa América. Seguramente, en ese momento, nadie imaginaba que no tendría otra oportunidad.

Dos son en las que estuvo hasta ahora Messi. Sin problemas ni ausencias, a Lio no lo favoreció el nuevo formato de disputa cada cuatro años. Jugó dos copas que, para bien y para mal respectivamente, marcaron la historia de la Pulga en la Selección. Al menos hasta nuestros días.

Luego de un debut mundialista en Alemania en el que a los argentinos nos quedaron ganas de verlo un poco más, llegó la Copa América en Venezuela con todos los ojos puestos sobre él. Y vaya si poco le importó. Una primera ronda sin goles pero con grandes asistencias (4-1 a Estados Unidos, 4-2 a Colombia y 1-0 a Paraguay) era el presagio de lo que vendría: figura en el 4 a 0 a Perú con gol incluido en Cuartos; y vaselina hermosa, más tiki-tiki con Riquelme, a México (3-0) para llegar a su primera definición con la selección mayor. El 0-3 en la final contra Brasil significó un golpe duro, no sólo para el 10, sino para todos los que veían en él la resurrección de la Celeste y Blanca.

Al igual que Maradona, el Enano tuvo su Copa América de local. El 2011 lo encontraba haciendo equilibrio en esa delgada cuerda que era la crítica a nivel local. “Que haga en Argentina lo que hace en Barcelona” era el leitmotiv, a un año de haber compartido el Mundial de Sudáfrica con el otro 10 como DT. Ya con el Checho Batista en el banco poco pudo hacer el ídolo de los catalanes para cerrar bocas: figura del 1 a 1 inaugural contra la débil Bolivia; mismo resultado ante Colombia y un contundente 3-0 frente a Costa Rica que no alcanzó para apagar el murmullo. El empate ante Uruguay en cuartos de final forzó los penales y, con un errático y también discutido Carlitos Tévez, terminamos viendo nuestra Copa por TV.

Una nueva chance lo espera a Messi en Chile. Maradona ya sabe que, al menos esa Copa, ya nunca la podrá traer él.

Pero qué querés que te diga hermano, hasta los más acérrimos maradonianos queremos que las diferencias entre Diego y Lionel sigan, aunque esta vez la moneda caiga del lado del Pendejo. Porque ante todo, somos argentinos. Sino también nos hubiésemos preguntado por el Grone, que debutó con un pibe, y que tampoco, nunca, pudo poner sobre su cabeza la Copa América.

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