El 24 de agosto de 1963 un comando guerrillero secuestró al por entonces mejor futbolista del mundo, el argentino Alfredo Di Stéfano. El líder del grupo era conocido bajo el pseudónimo de Máximo Canales. Su nombre real era Paúl del Río y le gustaba que lo definieron como escultor y pintos cubano.  Canales murió este año en Venezuela a los 72 años.

El primero en anunciarlo fue el defensor del pueblo de Venezuela, Tarek William Saab. El ministro de Cultura, Reinaldo Iturriza, se sumó y también por Twitter envió sus condolencias.

Del Río nació en Cuba en 1943 y llegó a Venezuela en 1945 junto a sus padres, quienes se habían escapado de la España franquista. Militó desde los 17 años en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y a los 19 fue uno de los fundadores de las insurgentes Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) cuya tarea era unificar a su organización con el Partido Comunista Venezolano.

Bajo el alias de Canales lideró al grupo que el 24 de agosto 1963 decidió secuestrar en la capital venezolana a la estrella del Real Madrid, tal vez uno de los hombres más famosos de aquel mundo. El Madrid había llegado a Caracas para jugar la “pequeña copa del mundo” contra el San Pablo y el Oporto. En el primer partido ya había habido tiros y desconcierto. Pero Di Stéfano, lesionado, se había quedado en el hotel.

Al otro día, temprano, fueron a buscarlo. Los guerrilleros alegaron ser policías de antinarcòticos. No le dieron tiempo ni de dudar, ni a él ni al conserje. Y se lo llevaron a un departamentito de un ambiente. La detención duró tres días y el futbolista no sufrió ni un rasguño.

Fue nada más que cinco años después del secuestro de Juan Manuel Fangio por parte de la guerrilla de Fidel Castro. El objetivo del 26 de julio cubano era dar a conocer sus planteos a la gran prensa mundial. Y tan errada no fue la estrategia: tan solo un año después triunfó la revolución.

Los argumentos de las FALN eran similares. Silenciados por los medios y perseguidos por el gobierno del socialdemócrata Rómulo Betancourt apelaron a un golpe de efecto. Un secuestro efectista, sin romper nada, que los pusiera en el centro de la escena. Ningún tiro, algunas mentiras y mucho humo fueron las estrategias centrales.

Años después, en una entrevista con el diario AS español, Canales reconoció que no hay arrepentimientos ni enojos entre ellos y la saeta:

P: ¿Cómo recuerda todo lo que ocurrió?

R: (…) Di Stéfano era en ese momento la figura más grande del mundo y para nosotros era una operación propagandística, para que la opinión pública mundial conociese nuestra lucha y los problemas del pueblo venezolano que vivía en una aparente democracia pero de un gobierno corrupto que nos estaba asesinando.

P: ¿Cómo diseñaron la acción del secuestro?

R: El secuestro duró 72 horas. Fue un homenaje a Julián Grimau, dirigente español comunista que fue capturado y fusilado en España por el régimen franquista, cuatro meses antes. Lanzamos una operación guerrillera con su nombre.

P: ¿No está arrepentido de lo que ocurrió?

R:  No, ¿cómo me voy a arrepentir de hacer cosas buenas? Me sigo sintiendo muy orgulloso de todo y no tengo nada de lo que arrepentirme. De hecho han incluido el hecho como una anécdota importante en la historia del Real Madrid. Es una demostración de que nuestro comportamiento fue correcto y humano. Es una anécdota de la lucha del pueblo y de los países. Me siento orgulloso.

 

Documental de ESPN:  “El secuestro de la saeta”

 

Compartimos con ustedes la crónica publicada por el Blog “Crónicas del Tánatos” sobre esos tres días trágicos en la vida de la saeta.