Por Diego González – @diegon2001

El anuncio fue en simultáneo y sorprendió a todos. Barack Obama y Raúl Castro, ante las cámaras, contando que charlaron por teléfono y llegaron a acuerdos. Letras catástrofe en los diarios. Estallaban los alertas en televisión. Flash informativo en la radio. Cuba y Estados Unidos, después de tantas décadas, volvían a ser amigos con la intermediación del papa argentino. Sorpresa, alegría, desconfianza, angustia, incertidumbre, festejo. Después, bajó la bruma. Y de la estridencia del anuncio fueron quedando verdades. La primera, el intercambio mutuo de presos. Para adelante, todo el resto. Un acto de gestos donde lo más importante, la guita, quedó en veremos.

Editoriales del Washington Post y del New York Times lo venían anunciando. Pero ese 17 de diciembre, el gesto fue la noticia. Ambos presidentes, por televisión, anunciaban buenas nuevas y le agradecían al papa Francisco por su intermediación. Acto seguido, Estados Unidos liberó a “Los Cinco Héroes” cubanos. Como contraparte, La Habana devolvió al contratista de la USAID, Alan Gross y a un contraespía cubano del que no se dijo demasiado.

Después, promesas mutuas. El plan es reabrir las embajadas en ambas capitales y que Estados Unidos revea el estatus de Cuba como “Estado que apoya al terrorismo”. Sin embargo, en ninguno de estos puntos hubo avances concretos hasta ahora (NdR: en rigor Obama envió al congreso un proyecto para retirar a cuba de la lista, pero aún no fue aprobado) .  Menos aún en el eterno bloqueo comercial, económico y financiero que EEUU impuso a la isla al arrancar la década del 60. En este punto, Barack Obama se excusó desde un principio. Esta decisión, después de tanto tiempo, ya no depende de una administración. Es el Congreso estadounidense el que debe debatir y votar a favor o en contra. El detalle es que en noviembre hubo elecciones de medio término y Obama terminó de perder por completo el control del parlamento. Por eso, tal vez, este fue el tiempo del arrebato presidencial. Para marcar la cancha hacia adentro, para no ser un pato rengo. Porque así dice “yo gobierno”, prometiendo lo que, en última instancia, ya no depende de él.

El 12 de febrero, cinco senadores Demócratas y Republicanos presentaron ante el Congreso una propuesta para levantar el embargo. La propuesta se llama “Ley de Libertad para las Exportaciones a Cuba”. En los Estados Unidos, hay empresarios que están ansiosos. Saben que de tumbarse el embargo se abriría, de repente, un mercado de 11 millones de consumidores. Sin embargo, sobre el tema del bloqueo, los halcones republicanos se muestran intransigentes, por ahora.  Poco les importa que en los últimos veintitrés años, la Asamblea General de las Naciones Unidas haya votado casi unánimemente en contr.

¿Qué tenemos?

Sobre la mesa no hay mucho. A mediados de enero Washington autorizó los viajes a Cuba para 12 categorías específicas como viajes familiares, oficiales, periodísticos o con fines investigativos, educativos o humanitarios. Esto significa que los viajes turísticos siguen prohibidos por ley. Pero, con esta excepción, se autoriza también que aquellos que lleguen legales a la isla puedan usar sus tarjetas de crédito y débito. A su vez, se autoriza a aquellos que ahora lleguen a la isla a comprar hasta 100 dólares en ron y tabaco, que es básicamente lo que Cuba tiene para vender.

El ritmo del intercambio no sorprende, una apertura fulminante supondría una invasión silenciosa de los Estados Unidos a Cuba.

Otro de los anuncios tiene que ver con un supuesto ida y vuelta empresarial. El Departamento de Comercio norteamericano elaboró una lista de bienes y servicios importables “producidos por empresarios cubanos independientes”. Seguramente sean poco los casos, dado que la revolución cubana, queda claro, asumió el socialismo hace ya varios años. El Departamento de Estado dijo que las medidas servirán para “apoyar al naciente sector privado en Cuba” que, en su opinión, incluye “trabajadores por cuenta propia, microempresarios y cooperativas privadas que son independientes del sector estatal” de la isla. Siempre y cuando no produzcan ni tabaco ni ron.

Por su parte, Estados Unidos ya está promocionando la llegada a Cuba de productos y empresas relacionados con tecnología y telecomunicaciones. Apple ya informó que algunos de sus productos y parte de su software se encuentran dentro de las categorías legales para exportar a la isla, aunque no precisó cuáles son. Netflix también anunció su desembarco formal y Coca Cola planteó la chance de levantar una fábrica.

¿Y entonces?

El 17 de diciembre, Obama dijo: “Hemos aprendido por propia experiencia que es mejor fomentar y respaldar las reformas que imponer políticas que convierten a los países en Estados fallidos”. La orientación es clara. Los hechos son pocos. Mucha gestualidad, discursos, conferencias. Pocos cambios efectivos. Por ahora.

Hace ya unos años, Cuba inició las transformaciones. Primero se habló de los lineamientos del partido y la revolución, después de la actualización del socialismo. Se empezaron a comprar y vender casas y autos. Las normas migratorias se fueron flexibilizando. Bajo ciertas condiciones es viable hoy que un privado –cuentapropistas les dicen– contrate a otro cubano a cambio de un salario.

En un mismo movimiento, EEUU avanzó en diálogos con Irán y Cuba. Y en ese momento, decidió endurecerse con Venezuela y Rusia.

Por eso no sorprende este intercambio. Tampoco el ritmo que asume. Uno no puede hacer que sea más veloz. El otro, probablemente, tampoco lo quiera. Una apertura fulminante supondría una invasión silenciosa de los Estados Unidos a Cuba. Es una cuestión elemental, de magnitud. La interpretación política de este nuevo escenario también es ambigua.  Es que en los hechos, la apertura y la devolución de los 5 son dos viejas y emblemáticas banderas de la revolución cubana. Ahora bien, ¿este nuevo escenario es un triunfo de quién?

Por eso, en las calles de la Habana prima la desconfianza. Por eso, desde el diario oficial Granma se llama a no ser “ingenuos” ante EEUU. En una carta dirigida a la Federación Estudiantil Universitaria, el propio Fidel Castro, a sus 88 años, escribió: “No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos”.

El escritor cubano Leonardo Padura agregó: “Los primeros pasos, que parecían ser los más difíciles, han resultado ser, de momento, los más fáciles, pues dependían de una voluntad política. Los que deben darse en el futuro se presentan mucho más complejos y, sin duda, pletóricos de riesgos y retos. Porque para concretarlos no bastan los cambios en la retórica y la mentalidad, sino en muchas estructuras sociales y económicas. En fin, que apenas se ha levantado el telón. Ahora es que comienza la obra.”

En la interna norteamericana el diálogo con Cuba también impacta. Una encuesta de Associated Press-GfK  muestra que el 60 por ciento de los estadounidenses quieren que se levante el embargo, mientras el 35 por ciento desea que continúe. A su vez, el 45 por ciento quiere restablecer relaciones diplomáticas contra el 15 por ciento que preferiría no hacerlo.

A Obama le sale caro. Tiene que enfrentar a un electorado que acaba de darle la espalda y que apoyó a los republicanos. Por eso, Washington plantea que no va a hacer concesiones a la isla y descartó cualquier tipo de modificación en el tema Guantánamo. La secretaria de Estado adjunta para la región, Roberta Jacobson,  fue rotunda: “El asunto de Guantánamo no está sobre la mesa en estas negociaciones”, afirmó ante las preguntas de los legisladores. En un mismo movimiento, EEUU avanzó en diálogos con Irán y Cuba. Y en ese momento, decidió endurecerse con Venezuela y Rusia. Petróleo, geopolítica y el rol de América Latina están en el fondo de todo esto.

Artículo publicado en la revista Turba

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