El rapé es un tabaco molido que se consume por la nariz. Fue muy popular entre los pueblos originarios de América Latina y un día llegó a las clases altas europeas conquistando sus narices. El esplendor del rapé tiene que ver, de hecho, con el origen de la frase “echar un polvo”.

En Brasil los pobladores originarios molían con empeño el tabaco dentro de morteros, lo mismo hacían los indígenas haitianos. Una vez molido lo aspiraban a través de un tubo. Así lo relata Alfred Dunhill, el mítico creador de la tabacalera británica que lleva su apellido, en su libro El noble arte de fumar. Se trataba del Rapé.

Alfred Dunhill “Alfred Dunhill in 1893” Fuente: Wikipedia

Tras la conquista de América, junto con los esclavos, el oro y las materias primas, empezaron a cargarse los barcos con semillas de Tabaco. Se calcula que las primeras llegaron a mediados del año 1500 y fueron sembradas en Toledo, España. Este dato tiene sentido si se tiene en cuenta que la mayoría de los barcos que llegaban a las costas americanas eran españoles o portugueses. Para 1561 el embajador Francés en Lisboa, Jean Nicot, decidió enviarle rapé a Catalina de Médici, la esposa del rey Enrique II de Francia. Si el apellido de Jean te llamó la atención por el parecido con el alcaloide nicotina, estás en lo correcto. A este señor le debemos su nombre.

Catalina recibió el rapé con la instrucción de suministrárselo a su hijo como remedio para sus migrañas. Al inhalar el tabaco el acto reflejo del cuerpo es estornudar y se le atribuía en la época a ese estornudo el poder de limpiar el cuerpo. El tabaco en ese entonces se consideraba un bien de lujo, y el rapé, como otra manera de consumo, siguió ese camino.

Muchos intentaron oponerse a la práctica. Entre ellos estuvieron  el papa Urbano III y el el Zar Miguel I, pero no lograron llegar muy lejos. Para el siglo XVIII el rapé ya era una moda establecida entre la aristocracia europea. Durante sus siglos de grandeza y popularidad llegaron a consumirlo gigantes históricos como Napoleón, Kant y Benedicto XIII.

Tabaqueras clásicas de Rapé de la aristocracia española

Actualmente en España la frase “echar un polvo” es de lo más popular y su uso cruzó el Atlántico hace rato.

El origen de la expresión, según dicen los que saben, tiene lugar en aquellas épocas doradas del rapé. Cuando alguien se ausentaba sin un motivo aparente, se decía “debe haber ido a echar un polvo”. De ahí la popularización, primero para excusar cualquier ausencia, y luego ya como alusión directa al acto sexual.

Si bien en el país no es una práctica popular, se consigue  en algunas tabaquerías y también por Internet. El precio ronda los $70, pero olvídense de los empaques coquetos del siglo XVIII.

Consumirlo actualmente, a pesar de ser totalmente legal, supone un obstáculo social. Al igual que sucedía con el tabaco para armar cuando no estaba tan popularizado, esnifar tabaco en un bar puede generar algunos malos entendidos. Si pensas hacerlo, llevate esta nota impresa para  facilitar la explicación.

EL RAPÉ EN ARGENTINA

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