diego222Por Diego González – @diegon2001

A cinco meses de las presidenciales, Bolivia volvió a las urnas para elegir nuevos gobernadores y alcaldes. El boca de urna señala que la oposición ganó 3 gobernaciones y en otras 2 va a ballotage. A su vez, el MAS perdió alcaldías simbólicas como las de El Alto y Cochabamba. “El pueblo paceño ha dado voto castigo a la corrupción”, dijo Evo

Cinco meses después de las presidenciales, Bolivia volvió este domingo a las urnas para elegir nuevos gobernadores y alcaldes. El precedente de octubre dejó varias enseñanzas. La principal fue la homogeneización en todo el país del voto al oficialismo. Evo sacó más del 61 por ciento, logró una diferencia de casi cuarenta puntos sobre el segundo y ganó en todos los departamentos, menos en Beni. Pero esta vez el mapa resultó más complejo para el MAS. Todav[ía sin datos del Tribunal Supremo electoral, las bocas de urna señalan que la oposición ganó 3 gobernaciones y en otras 2 va a segunda vuelta, mientras que el gobierno perdió algunas alcadías clave como las de El Alto y Cochabamba.

El MAS ganó las gobernaciones de Cochabamba, Pando, Potosí y Oruro, pero perdió en la estratégica La Paz a manos de Félix Patzi, candidato del opositor Sol.bo y exministro de Educación en la primera gestión de Morales. También perdió en Tarija y Santa Cruz, donde Rubén Costas fue reelecto con el 59,3%.

La batalla todavía continúa en Beni y Chuquisaca. Si se confirman los números, habrá una segunda vuelta el 3 de mayo, ya que los candidatos que se ubicaron en el primer lugar no lograron superar la mitad más uno o la diferencia de 10% sobre el segundo como exige la ley.

Al final de la jornada, en conferencia de prensa el vicepresidente Álvaro García Linera destacó que el MAS aumentará su presencia en los municipios del país con relación a las 222 que obtuvieron en los comicios de 2010.  Pero aclaró: “Entendemos el mensaje de la población. Nosotros evaluamos que esto ha tenido que ver con la debilidad en la formación de liderazgos locales tanto a nivel departamental como a nivel municipal”.

El lunes el propio Morales planteó abiertamente que “el pueblo paceño ha dado voto castigo a la corrupción”. Se refiere a una serie de denuncias de las últimas semanas por manejos poco claros en el Fondo Indígena.

 

 

En términos políticos, varios eran los desafíos que enfrentaba el gobierno. En primer lugar, mantener la expansión de octubre en una elección en la que el presidente no figura en las boletas. Como candidata a gobernadora de La Paz se presentó Felipa Huanca, una de las principales dirigentes de la federación de mujeres campesinas Bartolina Sisa. Sacó el 29 por ciento, lejos del ex masista Patzi, quien fue expulsado en 2010 por manejar borracho su auto. Hoy pertence al partido Soberanía y Libertad (Sol.Bo), heredero del difunto Movimiento Sin Miedo de Juan del Granado. La Alcaldía de la ciudad de La Paz también quedó para Sol.Bo. Fue electo para un segundo mandato Luis Revilla, con el 58 por ciento. Segundo quedó el MAS con el 38 por ciento.

En la ciudad de El Alto, al masista Edgar Patana el 31 por ciento no le alcanzó para la reelección. Con el 52 por ciento le ganó Soledad Chapetón, una educadora aymara de 34 años de Unidad Nacional (UN), partido de centroderecha dirigido por el empresario cementerio Samuel Doria Medina.

Días atrás, el presidente Morales había dicho que no iba a trabajar con los opositores que ganaran alcaldías y gobernaciones. En la mañana de ayer, en un desayuno con periodistas, el vicepresidente se explicó: “Nosotros vamos a trabajar con todas las personas que nos abran las puertas. Dijimos que no podemos trabajar con quien nos cierra las puertas, con quien nos bloquea el aeropuerto, con quien nos tira piedras para que caigan los helicópteros y nos muramos.” En esa línea agregó: “Somos gente de trabajo, no somos ociosos, no somos vagos. Somos gente que ha mostrado en diez años de gobierno ser sistemática y disciplinadamente laboriosa y trabajadora, en beneficio del pueblo boliviano. Y trabajaremos con quienes tienen ese ritmo y ese amor por el trabajo en beneficio de los bolivianos”.

En esa relación entre ejecutivo y gobernaciones es que se irá definiendo el futuro político de Bolivia. Fortalecida en las estratégicas gobernaciones de La Paz y Santa Cruz, ahora la oposición tiene por desafío la nada sencilla tarea de superar la fragmentación, su aislamiento y su crónica incapacidad para presentar un proyecto de país alternativo y con vocación de poder que pueda efectivamente vencer al MAS. Fuerte, asentado en sus certezas electorales y macroeconómicas, el MAS enfrentó el desafío confiado. Sin embargo, diversas dificultades erosionaron las chances del movimiento de transferir los votos que hace pocos meses fueron para su líder. En esta tensión transitará seguramente Bolivia los años venideros.

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