Por Pablo Taricco – @tariccopablo

Cuando Antonio Agostinho Neto pidió apoyo militar a Cuba para defender Angola, las tropas sudafricanas del apartheid avanzaban rápidamente hacia Luanda por el sur. Desde el norte, el poderoso ejército del Zaire comandado por el excéntrico Mobutu Sese Zeko buscaba tomar posiciones estratégicas para hacerse luego con el control del país. A pesar de los ataques, Neto resistía desde la capital y repelía además la avanzada militar de las fuerzas internas que se oponían a su liderazgo y al del Movimiento Popular para la Liberación de Angola MPLA que lo sostenía.

Fidel Castro y Agostinho Neto

Fidel Castro y Agostinho Neto

Era 1975 y la Revolución de los Claveles que había puesto fin a la dictadura de Salazar en Portugal había provocado también la independencia de  las colonias. Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe estaban en esa lista. En Luanda, la capital angoleña, una guerra de facciones azuzada por las potencias extranjeras impedía la formación de un gobierno independiente. África era el nuevo escenario de la guerra fría, y las armas, la política y el dinero del este y del oeste penetraban la región. La situación era un verdadero caos.

Cuando Fidel Castro decidió mandar los primeros hombres hacia Luanda, las perspectivas de triunfo de Agostinho Neto, el histórico líder popular de la resistencia angoleña, eran aún oscuras. Pero tras el éxito de las primeras misiones, la alianza cubano-angoleña se transformó en un pilar fundamental de aquella guerra que comenzó en 1975 y se extendió durante dos décadas, con distintas intensidades y bajo diversos formatos.

Hasta 1991 Cuba mantuvo docenas de hombres en Angola. Pasaron por allí cerca 450 mil cubanos entre soldados, médicos, maestros, ingenieros, artistas y muchos otros que formaron parte de una misión que fue bautizada desde La Habana como “Operación Carlota” y que hoy aparece como un llamativo – y por qué no polémico- ejercicio de “solidaridad internacionalista”.

Quedan los artistas

En su blog Segunda Cita, Silvio Rodríguez recuerda que a mediados de los años 70, muchos jóvenes cubanos se sentían atraídos por el peligro y la aventura. Hijos de una revolución que llegó al poder por la vía de las armas, quiénes no habían tenido edad para disparar sus fusiles junto a Fidel Castro y al Che sentían una suerte de deuda, incluso cierto malestar con la época. Dice Silvio:

Subliminalmente se nos proyectaba como salvados de la maldad capitalista, de nuestro pasado lleno de malos hábitos, pero aquellas salvaciones llevaban convoyadas otras inadmisibles, como el derecho de jugarnos la vida (porque eso ya lo habían hecho otros, por nosotros). Era insoportable estar a salvo de ciertos riesgos y era muy difícil asumir que el “hombre nuevo” debía “aparecer” de aquella paternidad insufriblemente bienhechora.”

Cuando el llamado a las armas en Angola se hizo público hacia finales de 1975, cientos de cubanos se alistaron para participar de aquella guerra. En su libro Silvio, Memoria trovada de una revolución, Joseba Sanz detalla las colas en los Comités Militares, y los trucos implementados a la hora de completar las solicitudes, mentiras blancas para cumplir el extraño deseo de ir a la guerra.

“Todos quieren su Moncada” iba a decir Fidel Castro en la despedida del primer grupo de soldados profesionales y voluntarios que partiría ese año hacia el África. El propio Silvio Rodríguez, que para ese entonces era ya un importante representante de la cultura de la isla, iba a tratar de utilizar su ascendente político para lograr tan particular beneficio.

La Habana, 15 de diciembre de 1975

Cro. Alfredo Guevara:

Presidente del ICAIC

Primero un saludo y, sin rodeos, al grano: quiero que me des la oportunidad de irme a Angola. La argumentación creo que es obvia, la que podrá ofrecer cualquier revolucionario. Por otra parte, en mí, una gente que se formó en los años de la epopeya de Che y que más tarde, buena parte de su trabajo lo ha inspirado el internacionalismo, se hace necesidad casi angustiosa esta experiencia.

Me gustaría ir como combatiente, pero supongo que tú no puedes decidir semejante cosa. Así que sólo te pido que hagas lo posible por incluirme en la lista de los cineastas que por el ICAIC puedan ir. Creo que en este sentido puedo ser útil en la elaboración de textos y, por supuesto, en música y canciones.

Te informo que haré todo lo posible por esta decisión. El camino está meditado y escogido con serenidad y sin romanticismo.

Con un abrazo fraterno.

Así seducía Silvio Rodríguez al Instituto Cubano de Cine, del que había formado parte algunos años antes cuando participaba del Grupo de Experimentación Sonora de esa entidad. Pero él no era el único. Otro trovador, Vicente Feliú, luego Pablo Milanés y otros referentes de la canción cubana iban a alistarse para viajar a Angola a participar de aquella guerra.

Silvio Rodríguez y Pablo Milanés

Silvio Rodríguez y Pablo Milanés

A principios de 1976, el gobierno de Cuba autorizó el viaje de lo que luego se conocería como las “Brigadas artísticas”. Voluntarios que debían recorrer el frente de batalla para actuar, cantar o tocar frente a los soldados. Irían armados, y no debían descontar la posibilidad de participar de enfrentamientos. Las emboscadas eran una realidad, y debían estar preparados. Para ese entonces, todos los cubanos adultos habían pasado por el Servicio Militar Obligatorio de la isla, por lo que el manejo básico del armamento parecía estar garantizado.

Antes del viaje, los artistas fueron organizados en tres brigadas: La primera la formaba el grupo de trova Manguaré, dirigidos por Andrés Pedroso Chávez. La segunda el grupo Los Cañas y la tercera lo componían Vicente Feliú, Silvio Rodríguez, y el mago e ilusionista José Álvarez Ayra.

El show debe continuar

Partieron hacia su primer destino africano: Cabinda, una ciudad clave en la disputa por su importante riqueza petrolera, pero principalmente debido a que en términos geográficos, está ubicada fuera de Angola, sobre la costa del Congo. Cabinda, una suerte de territorio angoleño insertado en otro país, era la ciudad deseada por las potencias. Hasta allí llegaron Silvio y sus compañeros. Iban a permanecer 30 días en uno de los escenarios principales de la batalla por la libertad de Angola.

Su tarea era en cierta manera sencilla, pero extraña si se ubica en el contexto. Debían cantar: reunirse por las noches frente al fuego, levantar la moral de las tropas, cantarle al heroísmo, a la libertad, a la revolución, y a los valores que los habían llevado a todos hasta ese país tan alejado de Cuba a pelear una guerra inspirados por el internacionalismo.

Tomar la guitarra y cantar:

 

Luego de una presentación en Bocusao, en la selva de Mayombe, las autoridades militares decidieron que era demasiado peligroso para los artistas regresar a Cabinda durante el día. Serían blanco sencillo para una emboscada. Decidieron emprender el regreso durante la madrugada y así lo hicieron.

Según cuenta Sanz en su libro, en un punto del camino en la mitad de la noche se detuvieron por pedido de Rodríguez. El comandante ordenó apagar las luces de los jeeps para que el trovador pudiera orinar. Retomaron pronto el camino y al llegar a un lugar conocido como Landana esperaron a otro grupo de vehículos que venía con retraso. Uno de los jeeps llegó agujereado. Los habían ametrallado, pero habían podido escapar sin bajas. La emboscada había sido en el exacto punto en el que Silvio había pedido detenerse algunos minutos antes.

Luego de pasar un mes en Cabinda, la brigada de artistas debió continuar con sus presentaciones en el llamado “Frente Norte”, recorriendo la zona de San salvador (hoy M’BanZa Congo), Noqui, Mama Rosa y Maquela do Zombo, a lo largo de la frontera con Zaire

Al terminar el frente norte viajaron al sur, que era mucho más extenso, y allí estuvieron durante más de tres meses. El comando militar les asignó una camioneta Mercedes Benz, dos soldados de escolta, fusiles AK47, un botiquín de campaña, algunos lanzacohetes y un mapa donde les indicaron la ubicación de las tropas cubanas.

Según cuenta Silvio, debió familiarizarse con los fusiles, los lanzacohetes RPG 7, las pistolas Makarov, e incluso debió aprender a manejar un enorme camión soviético conocido como Gaz-66.


Pero además compuso canciones. De su experiencia en Angola nacieron La Gaviota, Aceitunas, Angola es una y Canción para mi soldado. Según Vicente Feliú, que participó de la brigada junto a Rodríguez, la historia de esta última canción merece ser contada, y lo hace en el libro “Por quién merece amor” de Ernesto y Guillermo Alemán.

El 25 de febrero nos acababan de dar los uniformes. A Silvio nunca le quedaban bien los pantalones, por ser tan flaco, y como desde muchacho yo aprendí a coser a máquina, agarro su uniforme y se lo empiezo a arreglar.

En ese momento me avisan que el Comandante Ciro Berrio Medina, jefe de la sección Política de Cabinda y segundo jefe de la Sección política del estado mayor en Cuba, nuestro amigo en Cabinda, amigo entrañable, ha caído en una mina. Ha perdido una mano y lo están tratando de sacar de un paro.

Angola

Angola

Yo voy, trato de verlo; hace falta sangre, la mía no sirvió. Voy a ver a Silvio, y cuando le toco la puerta él está con la guitarra, y le pregunto: ¿Estás componiendo? -Sí-. No le digo nada para no alarmarlo, hasta ver qué pasa. Vuelvo para el hospital hasta que, finalmente, después de tres o cuatro paros respiratorios, Ciro muere.

Yo regreso destruido, muy mal, porque era una persona muy querida, y cuando llego a donde está Silvio para darle la noticia, con una cara inenarrable, él, radiante, me dice: Coño!, Tinto, oye lo que acabo de hacer-. Y me canta canción para mi soldado. Yo me morí, se me salieron las lágrimas. -Coño! ¿Qué te pasa? -Ciro Acaba de morir-. Era increíble. Él la estaba componiendo mientras Ciro moría, y entonces, evidentemente, quedó como la canción de Ciro. Una de las más lindas que ha escrito Silvio. Extraordinaria”.

Silvio Rodríguez iba a regresar a Angola a finales de 1976 junto a Pablo Milanés para seguir realizando presentaciones. Ese año iba a ser recordado como el año que los trovadores pasaron en Angola.

 

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