Por Andy Flores / @andyfls

Publicado en Facción Latina (23-4) PH Midia Ninja

El momento político en Brasil es excepcional. En 1985 se inició el proceso democrático ininterrumpido que llega hasta nuestros días, en donde la presidenta enfrenta los embates de la oposición, en un espectro muy amplio que reúne las fuerzas armadas, sectores de la bancada evangélica, arribistas y medios de comunicación. El hilo que une todos los puntos, tanto de la oposición como del gobierno, es la corrupción mediante un presunto esquema de coimas entre constructoras y la empresa estatal Petrobras. Alcanza con un análisis rápido sobre qué empresas aportaron dinero a las campañas de los principales partidos políticos para entender que, las constructoras implicadas en el Lava Jato, aportaron dinero para las campañas tanto del partido de gobierno como de la oposición, salvo contadas excepciones.

Esa información es pública y legal aunque éticamente cuestionable, ya que son las empresas beneficiadas con obra pública las que apoyan esas campañas. Pero ¿así parece funcionar, no?. Lo que investiga la justicia es el dinero que podrían haber aportado esas empresas por fuera de lo declarado oficialmente.

Frente a todo esto cabe preguntarse cuáles son los escenarios posibles para el Gobierno de Dilma y cómo es la estrategia de ajedrez que llevará la oposición.

House of Cards do Planalto

Dilma jugó fuerte en un movimiento que puede llegar a ser muy efectivo para el ordenamiento del gobierno puertas adentro, pero también con sus aliados y con sus defensores en las calles. Lula Ministro de la Casa Civil, el cargo más importantes después del de presidente, fue la gran apuesta que planteó Dilma. El desenlace quizás le haya resultado más adverso que el que esperaba. Primero la justicia filtró unas conversaciones privadas entre Dilma y Lula, y después de un acto de asunción interrumpido por gritos y carteles de protesta, un juez se interpuso para evitar la formalización del nombramiento. Hoy el ministro de la Corte Suprema Luiz Fux rechazó revocar la decisión de Gilmar Mendes, que impide que Lula asuma, y no podrá modificarse la decisión hasta el siguiente plenario supremo del 30 de marzo.

El principal argumento que se esgrime en contra de la asunción de Lula es que el nombramiento se transformó en un escudo judicial para evitar la prisión. Lo cierto es, que aún siendo ministro, Lula podría ser juzgado por la mayor instancia judicial del país, que en definitiva es donde finalmente iba a terminar la causa de todas maneras.

En Avenida Paulista y frente a un auditorio multitudinario Lula eligió ser conciliador y volvió al discurso que lo llevó a la presidencia en 2002, “Lulinha paz y amor”. Ese discurso es una lectura muy acertada del clima que se vivió en las marchas, donde muchos de los manifestantes pedían por “la democracia”, sin referirse a Lula, Dilma o los coxinas, como llaman a quienes marcharon contra el gobierno. ¿Un intento de unir a los brasileños? Parecería ser la estrategia.

La oposición política fue abriendo caminos legales y legislativos que le permitieran terminar con el gobierno de Dilma antes del fin de su mandato democrático. Algunos fueron más cercanos a un show mediático que a lo judicial como la declaración coercitiva de Lula en patrullero. Entonces, un camino es el impeachment, otro es la anulación de las elecciones 2014, así lo expresan figuras políticas sin muchas vueltas.

Para que el impeachment prospere debe atravesar un camino con obstáculos, difícil pero no imposible. Ya se eligieron los diputados que integran la comisión y el plazo para tomar una decisión está medido en sesiones; son 15 para emitir dictamen. Eduardo Cunha, líder de la cámara, trabaja contrarreloj para que todo transcurra con celeridad.

Dentro de las primeras 10 sesiones Dilma tendrá su momento para presentar la defensa, finalmente, para que el juicio político sea aprobado se necesitan 342 votos de un total de 513 diputados. Si eso prospera, el camino sigue rumbo al Senado, donde puede ser instaurado efectivamente el proceso.

Si eso sucede quien asume con el compromiso de llamar a elecciones en 6 meses es Michel Temer, vicepresidente y líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Mientras tanto el PMDB negocia y se reúne para decidir si continúa o no con su alianza con el Partido de los Trabajadores (PT), que ya está bastante quebrada. Al respecto solo basta mencionar que el propio Cunha apoyó a Dilma hace poco más de un año en las últimas elecciones y hoy es su peor enemigo.

El otro camino abierto es que avance el proceso judicial por el que se investiga el supuesto financiamiento irregular de la campaña 2014. Si se prueba legalmente que la campaña de Dilma fue financiada de manera irregular, se anulan las elecciones y asume Eduardo Cunha, miembro de la llamada bancada evangélica, promotor de la prohibición del aborto en casos de violación, y titular de cuatro cuentas en Suiza no declaradas con dinero que la justicia investiga para determinar si proviene del petrolao.

Finalmente el tercer escenario se abre si el oficialismo logra pilotear la crisis y superar ambos embates. Le esperarán años de una difícil situación económica con los mercados en su contra golpeando el poder adquisitivo de los brasileños, y en especial los de menores recursos. Sin duda no será un mandato fácil, deberá resolver problemas urgentes y perseguir la corrupción. A su favor tiene una base muy heterogénea -desde artistas, jóvenes y sindicatos- de apoyo que supo conquistar calles y escenarios contra su juicio político. Además, como lo declaró en varias oportunidades, no piensa en renunciar.

El desafío de Dilma radica en poder mantener el gobierno hasta el final del mandato por el que fue elegida. La coyuntura política en Brasil cambia a cada hora, con cada movimiento del gobierno hay una respuesta de la oposición y viceversa. La realidad indica que están todos los escenarios abiertos de cara al futuro, que aún en el corto plazo, se muestra incierto.