En un mundo convulsionado por las guerras y las hambrunas, el conflicto geopolítico que no le importa a nadie se desarrolla en un pequeño territorio entre Egipto y Sudán. A la región de Bir Tawil no la reclama ningún Estado, pero sí un ruso, un norteamericano y una princesa de siete años, que se proclaman los soberanos.

 

Un rey norteamericano y uno ruso

Según el sitio RT, el agricultor estadounidense Jeremiah Heaton le prometió a su hija que se convertiría en princesa, y salió a la conquista de un territorio que nadie quería. Para eso obtuvo un permiso de tránsito del gobierno Egipcio, recorrió más de 10.000 kilómetros y se proclamó rey. La noticia no recorrió el mundo.

Dmitri Zhijarev es un ruso radioaficionado que también se proclama rey de Bir Tawil. Según afirma llegó antes que el estadounidense, plantó bandera y la subió a Instagram.

Ninguno de los dos reyes habló de acciones bélicas en la región, e incluso Dmitri lanzó un guiño político al estadounidense: promete mantenerle a Emily, la hija de Heaton, el título de princesa.

Por qué nadie me quiere

Rara vez en el mundo se llega a un caso en el que ningún país se atribuya la soberanía de un territorio. En el caso de Bir Tawil, una porción de tierra sin población permanente de 2.060 km2, no es por la bondad de sus vecinos sudaneses y egipcios, sino por intereses económicos.

Según explica el sitio Atlas Obscura, Egipto quiere mantener los límites territoriales acordados en 1899 en los que  Bir Tawil es sudanés y las tierras del triángulo de Hala’ib, una zona petrolera, les pertenece a los Egipcios. Sudán por su parte afirma respetar los acuerdos territoriales de 1902 en el que obtiene lo mismo, pero a su favor.

A la región de Bir Tawil no la reclama ningún Estado, pero sí un ruso, un norteamericano y una princesa de siete años, que se proclaman los soberanos.

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