andy2Por Andy Flores – @andyfls

Las veredas del Bajo Flores son anchas y los domingos son pocos los que las caminan. Algún que otro vecino lava el auto, pasea el perro o llega apurado con las bolsas de las compras para el almuerzo. Caminando por la calle Saraza hasta Av. Castañares el barrio empieza a cambiar en pocos metros. Aparecen los carteles en coreano, los ancianos vestidos de traje para ir a la iglesia y los murales orientales que desde hace pocos años adornan las casas de la zona.

#BuenosAires barrio Coreano

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Lejos de la movida turística del barrio chino de Belgrano, el barrio coreano del Bajo Flores es un circuito que solo recorre la comunidad coreana de la zona. Muchos de ellos son ya segunda generación, hijos de padres que nacieron en Corea pero se criaron en Argentina. Todavía el perfecto castellano con acento porteño en ojos rasgados sorprende al desprevenido que trata de hablarles despacio para hacerse entender. El barrio es una mixtura entre distintas comunidades que conviven en pocas manzanas. Bolivianos, peruanos y paraguayos también tienen sus propios locales de comidas típicas. Chung An-Ra llegó a Buenos Aires en 1984 y se quedó por amor, cuenta y se le ilumina la cara. El padre es un pastor de la iglesia evangélica coreana que por la fé y las vueltas de la vida terminó abriendo una iglesia en el Bajo Flores. La estadía en la Ciudad duró poco y llegó la propuesta de mudarse a Los Ángeles, California. Pero la vida tenía otros planes para An-Ra, que en ese momento tenía 20 años: conoció a su novio -que hoy es su marido- y decidió hacer de Buenos Aires su hogar mientras sus padres y sus seis hermanos partían.

Los karaokes del barrio coreano

Hoy hay cerca de 30 iglesias coreanas en el barrio y funcionan como lugar de encuentro. La mayoría de los coreanos se casa entre coreanos, y no es necesariamente por una cuestión religiosa sino porque, según dicen ellos mismos, se entienden más entre sí. “Los religiosos no gustan de los Karaokes”, cuenta en voz baja An-Ra. Los karaokes son el fenómeno que está llevando hasta el barrio a muchos jóvenes argentinos para incursionar en las costumbres coreanas. El k-pop tiene parte de la culpa. La Korean Popular Music se hizo mundialmente conocida por el éxito del Gangnam Style, aunque sus orígenes están en la industria musical de los años 90. Algunos de los karaokes dan un poco de miedo en su primera impresión. Edificios grandes, entradas desiertas, escaleras interminables. Por dentro hay pequeñas habitaciones iluminadas por televisores. Cada una tiene sus sillones negros, mesitas y por supuesto un micrófono para intentar cantar sobre las letras en coreano o sobre las pocas canciones del pop internacional que están en la lista, como Michael Jackson o Britney Spears.

An-RA en su restaurante

An-RA en su restaurante

An-Ra es alta y tiene un tono de voz muy suave que invita a conversar en voz baja. Siempre saluda con una reverencia y todos los clientes que entran a su restaurante responden con un saludo en coreano. “Te diría que el 95% de la gente que viene es de la comunidad”, susurra en un español con acento oriental, pero que no se parece en nada al chino o al japonés. Ella es la dueña de “Una Canción Coreana”. Junto a su marido viven en el piso de arriba del salón en el que conversamos. “Nuestra cocina no puede pensarse sin el kimchi” dice señalando un platito donde pruebo algo que parece ser una hoja de lechuga, pero que definitivamente no lo es. El kimchi es un plato que no falta en la mesa de ningún coreano. Es una una verdura conocida como “la col china” que se deja fermentar y se sirve. Se dice que en esta verdura es donde reside el secreto de la salud de los coreanos. Tiene un olor fuerte y me advierte que me puede resultar picante. Para los que no se lleven bien con el picante la comida coreana también tiene opciones pero hay que avisar antes. “La mayoría de los condimentos ahora se consiguen y puedo cocinar los platos con los ingredientes originales” agrega An-Ra mientras presenta a sus hijos y cuenta orgullosa que los dos terminaron la universidad.

El Baek- Ku

“La migración coreana a Argentina comenzó hace muchas décadas, en 1965”, nos cuenta Carolina Mera, Directora del Instituto de Investigaciones Gino Germani y autora de “Coreanos en Argentina: 40 años de historia”, entre otras publicaciones sobre el tema. La Guerra de Corea terminó con la división de país y los años que le siguieron fueron muy duros. “Las familias que llegaron empezaron a poblar primero zonas rurales, pero con el tiempo terminaron en Buenos Aires. De a poco a cada coreano que llegaba le indicaban que en el Bajo Flores podía encontrar otros compatriotas que lo ayudarían con el idioma”, cuenta Mera. Pero va a ser recién a mediados de los setenta cuando el barrio empiece a conocerse como Baek- Ku, el Barrio Coreano. En los noventa el barrio estuvo en su apogeo, con 45.000 coreanos viviendo en el país. “El número baja abruptamente con la crisis del 2001, se quedan solo 15.000”, detalla Mera.

Del oriente extremo al BAFICI

En la comida coreana no hay postres. “Nosotros hacemos comidas que no necesitan postre, solo un té para ayudar a la digestión” susurra An. Se supone que esta tradición viene de los años difíciles de la guerra, cuando comer postre era un lujo que no podían darse. La comida en Corea del Sur es muy variada y sorprende por el tamaño del país. Tiene apenas un poco más de superficie que la provincia de Chaco. Un explicación podría encontrarse en el desarrollo gastronómico autónomo de cada uno de los pueblitos que conviven separados por las cientos de montañas que tiene el país. An-Ra quiso ser psicóloga o abogada. Incluso empezó el CBC para Derecho pero no pudo terminarlo por el idioma. Estudió nueve años en el Conservatorio Nacional y hoy es cantante lírica. “Siempre me doy el gustito de dos o tres veces por año hacer algún show con un pianista” cuenta y se detiene de golpe. “No te puedo decir quién es porque es alguien muy conocido”, aclara, se sonroja, sonríe y calla. -¿Por qué se llama “Una canción coreana” el restaurante? – pregunto entonces por la otra intriga que me llevó a entrar al lugar: -Grabé una película, estuvo en el BAFICI – responde La película, que se estrenó en el 2014 en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine, cuenta desde sus clases de canto lírico, la apertura del restaurante que llevó el nombre de la película y el reencuentro con sus padres y hermanos en Los Ángeles.

 

Una canción coreana

Una Canción Coreana

La experiencia gastronómica que propone el lugar sin duda va a llevarte a conocer nuevos sabores. Platos con ingredientes que no estás acostumbrado a comer o mezclar. Las porciones son abundantes y hay opciones para compartir. Todo viene acompañado con platitos con diferentes versiones de kimchi y arroz. Cada uno de los platos tiene en la carta el nivel de picante que lleva, lo cual ayuda a no llevarse sorpresas. El plato recomendado por #NTD es la carne agridulce al fuego.

Karaokes (MP3 y 007)

007

MP3 es uno de los locales más concurridos por la comunidad coreana. Suelen ser un poco reticentes a la presencia de occidentales pero eso logró mantenerlo auténtico.

007

007 es mucho más abierto al público extra-comunidad y se puede pedir bebida y comida. Es ideal para ir en grupos grandes de amigos. Lo encontrás en Bacacay 2919 3er.piso

Un consejo de #NTD

Sobre Av. Carabobo entre las calles Saraza y Castañares  podes encontrar tres típicos minimercados coreanos donde comprar infinidad de productos importados. No pierdas la oportunidad de volverte a tu casa con un souvenir de tu visita al barrio. En la esquina de Av. Carabobo y Saraza hay una panadería que vende repostería tradicional coreana y también sus típicas galletitas de batata. El Festival de Gastronomía Coreana está organizado por la Embajada de la República de Corea y el Centro Cultural Coreano. Se celebra del 22 al 25 de abril en Buenos Aires y podés informarte más en su perfil de Facebook.

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