En el 2014 se realizó la última Encuesta Nacional de Hogares, a cargo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. Los datos que arrojó esta encuesta llamaron la atención de los sociólogos: mientras que hace 10 años la población brasileña se autodefinía en un 51,2% como “blanca” y en un 47,9% como negros o mulatos, ahora el 53% afirmaba ser negro o mulato.

Los números indican que el 2007 fue el año en el que comenzó a cambiar la identificación de los brasileños respecto a la pregunta sobre si eran blancos, negros o mulatos: Un 49,2% se declaró blanco, un 7,5% negro y un 42,5% mulato.

Según afirmó Adriana Beringuy, técnica del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, a el Diario El País, la variación en el porcentaje no guarda relación con la tasa de natalidad entre negros y mulatos: “Puede que sea cada vez mayor el mestizaje entre las personas, pero lo que más notamos es la prevalencia de la definición”. La población brasileña comenzó a identificarse más con sus orígenes negros y mulatos.

Dentro de las explicaciones que intentan dar cuenta del fenómeno se encuentra el aumento en la tasa de acceso a la escolarización que podría ser el factor que brinda un conocimiento sobre la historia afrobrasilera con una valoración positiva.

LA OTRA PARTE

La otra  parte del fenómeno se encuentra en los números que hablan de los crímenes contra la población negra y los salarios inferiores que perciben. La peor parte se la llevan las mujeres.

El 12 de noviembre de este año el Ministerio de Salud de Brasil dio a conocer los nuevos números del Mapa de la Violencia, un conjunto de estudios que se publican desde 1998. Los datos arrojan que descendieron un 10% en diez años los asesinatos de mujeres blancas, mientras que el asesinato de mujeres negras aumentó un 54% en igual período. El estudio también revela que, en igual puesto de trabajo, una mujer negra puede ganar hasta un 75% menos que un hombre blanco.