Una plataforma permite alojar o ser alojado en prácticamente cualquier país del mundo. Las transacciones monetarias están terminantemente prohibidas y todo se basa en la confianza. Un proyecto que parecía una utopía y que  ya supera los 6 millones de usuarios.

Muchas formas de viajar

Hay tantas formas de pensar un viaje como opciones para elegir. Para los que no se sienten cómodos con el mote de turistas, le huyen a los paquetes armados, y prefieren salir entre lugareños antes que ir a un bar lleno de turistas, CouchSurfing puede ser una herramienta fundamental.

La plataforma invita a conocer gente de todo el mundo, ya sea alojando, siendo alojado, o incluso solo juntándose a tomar algo. Todo se basa en la confianza y las buenas intenciones de los usuarios que tienen prohibido cobrar por el alojamiento.

One Couch at a Time: Un documental sobre el fenómeno de CouchSurfing.

Internet permitió que con unos pocos mecanismos de seguridad una comunidad del tamaño de CouchSurfing se mantenga a salvo. Las cuentas se pueden verificar con tarjeta de crédito, se pueden (y se debe) dejar referencias de las experiencias y además se pueden dar votos de confianza.

Los fines cambiaron

CouchSurfing nacía como una plataforma sin fines de lucro en 2004 al calor de iniciativas similares como Hospitality Club y Home Link, y vivía de las donaciones de los propios usuarios. En 2011  se convirtió en una empresa, con fines de lucro, y unos años y 15 millones de dólares después, llegó al número récord de 6 millones de usuarios en 100.000 ciudades del mundo. A muchos de los pioneros de la red no les cayó bien este cambio en el espíritu de la comunidad virtual y se mudaron en masa a BeWelcome. Un sitio similar pero sin fines de lucro.

Buenos Aires está entre las ciudades más visitadas de Latinoamérica, una buena oportunidad para conocer gente y alojarlos en tu casa. Si el alojamiento te resulta mucho, también hay grupos que se reúnen semanalmente en bares de Buenos Aires donde vas a encontrar tanto extranjeros como locales pero todos viviendo, por un rato, como viajeros.

 

Sin romper nada

Más allá de modales obvios como no caer con las manos vacías a la casa tu anfitrión, respetar los horarios que acuerden y no vaciar su heladera, hay algunas reglas básicas que podés seguir para ser un buen couchsurfer.

A la hora de elegir quién nos alojará es bueno leer el perfil completo y enviar un mensaje personalizado, no un copypaste genérico con el mismo mensaje a decenas de usuarios. Se nota y queda feo.

La filosofía de la comunidad es viajar conociendo gente, intercambiando cultura y haciendo amigos, no solo conseguir un sofá donde ir a dormir y ahorrarse unos pesos. Por eso, a pesar de que cada couchsurfer tiene sus propias reglas en cuanto a su casa, es bueno pensar en compartir tiempo con el anfitrión y una gran idea es que el último día lo agasajes con una rica comida típica de tu país.