Por Camila Chaia

 

Las murgas estilo uruguayo en Argentina crecen a un ritmo exponencial: en los últimos cinco años se crearon más grupos que en los anteriores veinticinco y ya hay 97 a lo largo y ancho del país. Durante 2014 se subieron cada primer sábado del mes a las tablas del escenario del Murgafest, un evento que se hacía en el IMPA La Fábrica. En febrero algunas participaron del circuito oficial de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad y otras prefirieron la movida independiente. Aunque no son de aquí ni son de allá, tímidamente se reconcilian con el corso porteño: “La murga es murga para todos y el carnaval es el momento que tenemos para salir a decir lo que queremos decir”, opina Matías Martofel, platillero de “La Rara Ira”.

El género se creó para criticar y plantar una idea en la gente. Sea estilo uruguayo o porteño, el hábitat natural del carnaval es la calle. Pero durante mucho tiempo las murgas porteñas le daban la espalda a las de estilo uruguayo y viceversa: los grupos inspirados en la cultura charrúa le pasaban de largo a los corsos locales. Un poco porque la calidad del sonido era mala, otro poco porque el carnaval carga con la mirada estigmatizante del indignado de ciudad: calles cortadas, pibes bardeando con bombos y platillos y pomos de espuma que no perdonan. “La murga porteña estaba estancada en el tiempo y aburría. Creo que eso está cambiando para bien, están buscando nuevos caminos y ritmos: hay grupos con espectáculos muy pensados que se salen del montón, tienen un mensaje, laburan a pulmón y dicen lo que dicen porque lo sienten”, dice Matías. Además, la calidad del sonido mejoró y la necesidad de las murgas uruguayas de encontrar un espacio aumentó.

“Enrejo alegrías, enrejo los sueños
enrejo el futuro, de todo soy dueño
como mis maestros todos militares
enrejo los gritos que son populares
enrejo expresiones si son populares
Enrejo a los negros, los zurdos, los trabas
a los que protestan que todo anda mal
enrejo los bombos, los redos, los corsos,
enrejo a las murgas y hasta el carnaval”
El enrejador - Cachengue y sudor [2009]
Cachengue y Sudor Murga de Arpillera.  Foto: Jorge Giorgio

Cachengue y Sudor Murga de Arpillera. Foto: Jorge Giorgio

La murga es una sátira sobre la realidad social, política y cultural. Hace cuarenta años la televisión no se consumía cotidianamente y para estar informado había que comprar el diario. De ahí tomó el tono la murga: imita el voceo de los canillitas vendiendo los titulares del día. La historia del género charrúa va de la mano de la historia política del país, en especial aquellos grupos que surgieron cuando se unificaron los movimientos de izquierda y empezaron a tener un proyecto en común con el Frente Amplio. Durante la dictadura algunas murgas de izquierda estuvieron prohibidas y muchos de sus integrantes fueron presos políticos. Pero el carnaval siguió.

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 De este lado del charco, de los 97 grupos que hay, más del cuarenta por ciento son de Buenos Aires. Los datos son del censo de murga argentina estilo uruguayo que hizo en 2013 Ubaldo Adriano, integrante del grupo santafesino “Rezonga la Ronca”. La primera fue la “Tute Cabrero”, que se fundó en 1994 y sigue soplando velitas. La más nueva se debe haber armado el fin de semana pasado.

A Bruno Fereccio, director de “La Rara Ira” un día lo sorprendió un cuplé y no lo pudo creer. “Me gustaba la música, los arreglos corales, el humor y en la secundaria militaba: cuando apareció la murga uruguaya me caí de orto”, dice Bruno. Eso le pasó cuando, hace once años, un amigo le prestó un CD de Falta y Resto. No le importó si era de Uruguay, de Santa Fé o de La Pampa: había voces, ironía y política, y compró.

 Aunque Bruno viaja al carnaval uruguayo todos los febreros y entiende que la cultura no conoce fronteras, dice que el desafío es no “copiar por copiar”. La esencia de lucha se mantiene y los murguistas argentos se ponen la camiseta: “La entrega incondicional, dar más de lo que uno recibe, la inquietud del para qué, los momentos increíbles y aquellos sinsentido, hacen que lo viva como una militancia”, sentencia.

 

Agarrate Catalina

Agarrate Catalina

 

“Grupos uruguayos como Agarrate Catalina que tienen una puesta más teatral y vestuarios imponentes hicieron que el género se hiciera mucho más popular”, cuenta Bruno. El Murgafest nació porque hacía falta un espacio de comunión entre las murgas. Y donde hay una necesidad, hay un derecho: dos grupos armaron un escenario abierto y atractivo para el público y los artistas. “Lagamur Delrioba” venía haciendo peñas murgueras desde 2012 en el IMPA y el año pasado “La Rara Ira” se sumó a la organización. En ese momento el evento pasó a tener un nombre más marketinero y llegó a recibir 200 personas por sábado. La última fecha fue el 6 de diciembre y ahora están en tratativas para volver con la edición 2015: “Pensamos hacerlo una vez cada dos meses o con el cambio de estación”, planea Matías.

 El minimundo de murgas uruguayas en Buenos Aires está más atrasado que otras provincias: Bruno cuenta que en Mendoza ya van por el octavo encuentro nacional. Ubaldo lo explica: “Son cuestiones de idiosincrasia: en Buenos Aires la competencia está instalada como forma de vida”. Por eso el Murgafest significó un cambio estructural en lo que respecta al crecimiento del género en la ciudad: “Tiene mucho de acción colectiva y obligó al grupo a fortalecerse y organizarse”, admite Bruno.

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 En la Ciudad de Buenos Aires, la Comisión de Carnaval es la que organiza los corsos de febrero: hace reuniones, tramita permisos y le toma examen de “precarnaval” a las murgas que quieran formar parte del circuito oficial. A las que aprueban, se les asigna una cantidad de corsos para presentarse. A mediados de los ’90 un grupo de murgas tomó distancia de la organización por diferencias políticas y empezó a trabajar de manera independiente y autogestiva. Algunos fueron los de Cachengue y Sudor, La Redoblona y Los Inevitables. “Si el Gobierno pusiera sillas y en el escenario tocara una banda de cumbia o tango, una comparsa de candombe o una murga estilo uruguayo, el barrio estaría más a gusto”, propone Matías, que señala que las autoridades locales tienen parte de la responsabilidad del estancamiento de la movida.

 En el mes del carnaval, si una murga uruguayan style quiere salir en los corsos del Gobierno, puede hacerlo de modo formal -como hace Lagamur Delrioba- o  ir como invitada especial de una murga clásica. “Le puse Cuca”, “Las Cholas” y “La Rara Ira” son algunas de las que fueron invitadas por aquellos grupos que se animan a sumar nuevos estilos a la fiesta.  Si no, la otra opción es participar de corsos independientes, como el de Cachengue y Sudor en la Plaza de la triple frontera (al lado del Cid Campeador, donde se juntan Villa Crespo, Caballito y Paternal).

 

“Llegó el momento de sacudirse como los perros
se va la rara, para tender sus caras al sol. 
como jugando al carnaval,
te dio un baldazo de realidad, 
que ahora se escurre, por la rejilla del corazón.
Un grupo de soldados disfrazados de color
van repartiendo globos que soplaron a pulmón. 
Inflados de canciones,
atados con un hilo de ilusión”

Retirada La Rara Ira [2014]

Se vislumbra un horizonte en el que no habrá que elegir si murga uruguaya o argentina. Mientras los de estilo charrúa se le animan al carnaval porteño, el clásico tachín tachín argentino se nutre y, sin abandonar la espuma, quiere también batir la posta. Salú, carnaval.

 

–  Foto de tapa: murga La Rara Ira, por Maximiliano Prioriello